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sábado, 6 de febrero de 2021

15: Preparación

 

15: Preparación

¿Por dónde empezar cuando no conoces tus poderes, en especial poderes que ni sabes que tienes?

―¿Necesitas ayuda? ―me preguntó Mala’ikan con una sonrisa irónica.

―Siempre la he necesitado, pero parece que a ti no te interesa mucho ayudarme a potenciar lo que soy.

―Claro que me interesa, ya sabes que tú eres uno de los que destruirá a Catalina, solo que no era el momento, estaba esperando la señal para iniciarte en el camino de la guerra.

―¿Acaso no lo sabes todo? ¿Tuviste que esperar que una vieja hechicera te indicara que había llegado el momento de entrenarme? ―pregunté socarrón y sin respeto.

El ángel sonrió divertido.

―No soy Dios para saberlo todo, Medonte, por supuesto que no sabía cuándo debía iniciarte, cada persona en tu vida, cada una, ha cumplido o cumplirá un papel importante en tu vida para que llegues al momento de la destrucción de Catalina. Creo que, en eso, tienes más juicio que yo.

―¿En qué?

―En escoger las personas de las que te rodeas. Livia, Nikolai, Sonya…

―Nikolai ha sido el único que se ha salvado de las garras de Catalina.

―Él está protegido por alguien superior, no te preocupes por él.

―¿ Y ese alguien superior no puede hacerse cargo de Catalina?

―Por supuesto que no, en el mundo espiritual hay rangos y reglas que no deben olvidarse. Ciertas criaturas no se pueden meter con otras. Aunque seamos todos lo mismo, quien ayuda a Nikolai, no se mete con los demás.

―Bueno, da igual. ¿Qué hacemos? ¿Cómo puedo potenciar todos mis poderes para destruir a Catalina? Y, más importante aún, ¿cómo lograré recordar?

―Tendrás que trabajar muy duro y no siempre será algo agradable ―me previno.

―¿Crees que eso me importa? Mala’ikan, llevo milenios a la sombra de esa mujer, llevo siglos sin recordar mi vida, llevo demasiado odio y rencor dentro como para echarme para atrás porque no será agradable el proceso, mucho más desagradable ha sido ver morir a mi hija, a mi mujer, a mi sobrina… No, Mala’ikan, créeme que nada de lo que pase de aquí en adelante me detendrá.

―Si estás tan decidido, comencemos de inmediato.

Expandí mis pulmones, no necesitaba el aire para vivir, sin embargo, hice el ejercicio de tomar aire para prepararme para lo que venía. Mala’ikan me advirtió que no sería agradable, pero no creí que fuera, no solo desagradable, sino que muy doloroso.

―Lo primero que haré será abrir tu mente a los recuerdos anteriores a convertirte en vampiro.

―¿Cómo harás eso?

―Es lo más fácil.

El ángel se acercó a mí y puso su mano en mi frente, como si me fuera a bendecir, pero creo que fue todo lo contrario. Un dolor lacerante me cruzó de sien a sien y una luz muy brillante pasó ante mis ojos, sin embargo, fue extraño, pareció como si esa luz hubiese pasado por dentro de mi cabeza. Quise gritar, pero no fui capaz siquiera de moverme. El dolor continuó por varios e interminables minutos. La luz que atravesó mi cabeza se convirtió en miles de destellos de luz que me enceguecían por dentro. Esa luz corrió por mi cuerpo, fue algo muy extraño, pues era como si cada terminación nerviosa llevara su propia iluminación.

En algún momento, eso terminó y mi cuerpo no fue capaz de sostenerme y caí al suelo de rodillas. Pensé en la razón por la que Mala’ikan no me sostuvo, abrí los ojos con dificultad y lo vi, estaba en el suelo tan agotado como yo.

―¿Qué pasó? ―le pregunté jadeante.

―Llevabas demasiado tiempo con tu mente cerrada; demasiadas capas para llegar a tus recuerdos, Catalina hizo un buen trabajo de sellar tus pensamientos. De todas maneras, ya hice el primer trabajo ―respondió tan cansado como yo.

―¿El primer trabajo?

Sonrió con divertida ironía.

―Todavía quedan muchas capas que sacar de ahí. ―Señaló con un dedo a mi cabeza, apenas sin fuerzas.

―¿Y seguirá doliendo?

Largó una amarga risotada.

―Este dolor es nada comparado al que vendrá. Es como una herida que ha sido cicatrizada con toda la infección dentro, sacar la primera capa duele, pero no te imaginas lo que significa sacar la podredumbre que se esconde dentro. Algo así será contigo, ya logré sacar la primera capa, que es la más dura, lo que queda no es tan difícil, pero es lo más doloroso.

Se sentó en el suelo, pues aún seguía de rodillas, al igual que yo; también me dejé caer, sentado, al piso.

―¿Por qué crees que Catalina se ha empecinado en mi contra? ―consulté.

―Ella no necesita razones, Medonte, ella es como es. Punto. No eres el único al que ha vuelto su atención, aunque debo admitir que tú y tu hermano han sido los que más tiempo han permanecido en su objetivo. ¡Vaya uno a saber por qué! Si de por sí las mujeres son volubles, ella más. La emoción le nubla la razón.

―Dudo que ella actúe por simple emoción.

―Ella es la más emocional de las criaturas que habitan este planeta, Medonte, por eso es tan difícil acabar con ella, alguien que sepa controlar sus emociones podrá acabar con ella.

―Llevo siglos en ello. He debido aprender a la fuerza a mantener mis emociones a raya.

―No te confundas, amigo, lo que has hecho no es controlar tus emociones, es esperar paciente a que algo ocurra.

Lo miré desconcertado y confundido por dos razones.

―¿Amigo? ¿Esperar paciente? ―inquirí.

Se levantó y me dio la espalda.

―Volveré en cuanto te recuperes de la sesión de hoy.

―¿No me vas a contestar?

―No, Medonte, hoy no.

Y desapareció.

Yo me quedé un rato más en el suelo, el dolor y el cansancio habían sido cosas que parecían tan lejanas en mi vida que para mí en ese minuto se sintieron como nuevas sensaciones. ¿Debería acostumbrarme a ellas?

Cerca de una hora más tarde, me levanté y me fui a caminar, hubiese querido poder sentir la brisa o el sol, como lo hacían los humanos, poder tomar aire y mantenerlo en mis pulmones para oxigenar mi cuerpo y cerebro, pero nada de eso era posible para mí, ni siquiera podía correr para liberar tensiones, o dormir… Llegué a un acantilado y me senté allí a contemplar el horizonte. Si me hubiese lanzado de allí, nada habría ocurrido, simplemente mi cuerpo maltrecho por el golpe se habría regenerado en poco tiempo. Pensé que también era incapaz de llorar. No niego que ganas no me faltaban. La impotencia y la rabia parecían espuma que crecía en mi interior.

Cerré los ojos y pude sentir a Livia a mi lado.

―Cálmate, Medonte, recuerda que las emociones no te pueden ganar. Tú debes ser más fuerte que ellas. ―Escuché con claridad su voz.

―Lo seré, Livia, lo seré por mi hija, por ti, por el mundo. Por Catalina, para que sea destruida de una vez y que su reguero de daño y muerte se termine para siempre ―sentencié en voz alta, esa mujer nunca más me ganaría. Nunca.



14: Mi misión


De nada sirvió que me alejara de mi hija, que ni siquiera quisiera preguntar a dónde se dirigirían, dónde estaba, Catalina la encontró. Y la asesinó de un modo muy cruel. Lo peor es que utilizó a mi hermano para llevar a cabo su propósito.

―Lo siento ―se disculpó Marcos al volver.

―¿Cómo fue? ―le pregunté sin rencor, él no tenía la culpa.

―Había caído en una buena familia, una familia que la amaba mucho; era la única mujer de una familia de cuatro hermanos, ellos la querían mucho, en especial Leo, quien la cuidaba como a un tesoro. Tenía un novio que la adoraba, que no sabe vivir sin ella. El problema es que no la pudieron salvar de Catalina. Llegaron demasiado tarde. Llegamos demasiado tarde.

―Medonte… ―me habló Nikolai a mi espalda, me volví sorprendido, estaba ahí con una mujer a su lado.

―Nikolai, ¿qué haces aquí? ¿Quién es ella?

―Marcos, esa familia necesita ayuda ―se dirigió a mi ayudante, no me respondió. 

―¿Qué quieres decir? ¿Qué familia?

La mujer dio dos pasos hacia Marcos.

―Galiana habló conmigo ―le dijo enigmática―. Ella está dispuesta a pelear, volverá, pero necesitará a su familia. Debes convertirlos.

―¿De qué hablan? ―interrogué.

―De la familia de tu hija, de quien te hablaba ―me contestó Marcos, confundido―. Ella se llamaba Galiana en esta vida. ¿Qué debo hacer? ―le consultó a la mujer.

―Atacaron al padre de Galiana, él está a punto de morir, debes salvarlo.

Marcos me miró a mí, como pidiendo mi autorización.

―Ve, haz lo que tengas que hacer.

―Está bien.

Desapareció en ese mismo instante.

―Ahora quiero que me expliquen qué es lo que está pasando ―exigí a mi amigo y a su acompañante.

―¿Puedo sentarme? ―pidió la mujer―. Aunque fue un viaje rápido, no fue muy cómodo ―se justificó algo divertida, mirando a Nikolai quien, al parecer, la había llevado en sus brazos.

Los hice pasar a la casa y luego de que se sentara, le extendí un vaso de jugo, hacía calor y, para los humanos, no era muy agradable la sensación.

―Muchas gracias. Te explicaré lo sucedido y te diré lo que debes hacer de aquí en adelante ―dijo la mujer.

―Primero, me presento, soy Estrella, bruja ancestral, mi misión en esta Tierra es ayudar a los seres especiales con sus diversos problemas.

―Y estás aquí porque… ―dije maleducado, de lo cual me arrepentí de inmediato.

―Tu hija se comunicó conmigo. Ella ha vivido mucho tiempo con la sombra de su hermana sobre ella. Lamentablemente, se debe cumplir con ciertos requisitos para destruir a Catalina, requisitos que todavía no se completan. Aun así, ella quiere destruir a su hermana y para ello quiere buscar la mayor cantidad de adeptos que la ayuden llegado el momento.

―¿Qué debo hacer yo?

―Tú, por el momento, te quedarás tranquilo, ella está preparándose para volver, en algunos años. El problema es que…, si no lo logra, su madre se la llevará para resguardarla. Es más, ella no quiere que vuelva si no hasta cuando esté preparada.

―¿Y Marcos?

―Marcos se hará cargo de la familia de tu hija, él es muy importante en esta batalla, en la vida de tu hija.

―¿Será su compañero? ―pregunté con algo de celos de padre.

La mujer soltó una carcajada burlona.

―Por supuesto que no, ella ya tiene a su compañero de vida.

―¿Entonces?

―No te apresures, todo tiene su tiempo. Marcos es importante, pero si las cosas no se dan como pensamos…

―¡Es mi hija y si tengo que dar la vida por ella, la daré! Dime lo que tengo que hacer y lo haré.

―Lo que debes hacer es seguir recordando y te darás cuenta de los pasos a seguir, no se pueden decir en voz alta.

―Si ese es el caso, me dedicaré a hurgar en mi mente.

―Sí.

La mujer aguantó un bostezo. Busqué en su mente: estaba cansada y quería una cama, pero también tenía hambre.

―Vamos, acá a la vuelta hay un mesón para que comas algo, después puedes ir a dormir, lo necesitas ―ofrecí.

―Gracias, sí lo necesito.

Nos levantamos, pero ella, al hacerlo, casi se desvanece.

―El viaje fue demasiado ―me explicó Nikolai―, ya no está en edad.

―La veo bastante joven.

―Con un hechizo que la mantendrá así hasta que muera, algo para lo que no falta mucho.

―La llevaré a la cama, trae algo de comer, tú sabes mejor de esas cosas ―le pedí.

―Claro.

Tomé en brazos a esa hechicera y la llevé a mi dormitorio, no lo ocupaba para dormir, sin embargo, lo tenía para guardar las apariencias, si bien nada me obligaba a ocultarme de los humanos, prefería pasar desapercibido, aunque no todos los de mi especie lo hacían. Había muchos, demasiados para mi gusto, seres que fueron convertidos por nuestros antiguos colaboradores; de hecho, Marcos era uno de los de las últimas generaciones. Tenía apenas trescientos años, lo que no impedía que hubiese tomado el liderazgo tras Nikolai.

―Ya no me queda tiempo ―habló en voz baja la mujer.

―No hables, te pondrás bien.

―No, Medonte, escúchame bien, porque no volveré a repetirlo. ―Asentí con la cabeza y me acerqué más a ella, para no perder detalle, aunque mi oído podía escuchar a la perfección a varios metros, temía no poder escucharla del todo―. Después de que tu hija vuelva a sufrir una horrorosa muerte, su madre la llevará con ella y la cuidará por cinco siglos, pero tú tendrás que unirte a Catalina para salvar a tu hermano, él también está recordando, solo que esa mujer vuelve a hacer que olvide, lo que cada vez es más ineficaz y nadie más que tú puede salvarlo.

―¿Y mi hija? ¿No debería preocuparme por ella primero?

―No, tu hija tiene a su madre que velará por mantenerla a salvo.

―¿Eso quiere decir que me tengo que ir?

―Tienes que dejar a tu clan, sí. Pero no ahora. Más adelante. Cuando llegue el momento, lo sabrás.

―Estaré atento a las señales.

―Sí.

Me tomó la mano de un modo muy extraño, sentí una fuerza inusual corriendo por mi cuerpo.

―Lo que tengo te doy.

―¿Qué haces?

―Potencio tus poderes, hasta el momento no has necesitado usarlos, apenas unos cuantos para mantener a la gente a raya, nada más, tienes muchos más poderes de los que crees, esto abrirá tu mente, tanto a los recuerdos, como a tu propio don. Ya cumplí con mi misión.

―Estrella…

―Siempre quise conocerte, el primer inmortal, el primer vampiro, el primer hombre que se le había opuesto a Catalina…

―Catalina destruyó mi vida.

―No, Medonte, no destruyó tu vida, no pudo, tú te resististe a ella y sigues haciéndolo, aunque no te des cuenta. Cuando tus recuerdos se abran a ti, verás que lo que te digo es cierto. Ahora me voy, ya estoy cansada.

―Nikolai…

―Me despides de él.

―Ya viene.

―Nos veremos en otra vida, ten por seguro que volveré.

―¿Volverás?

―Por supuesto, no me perdería la derrota de Catalina por nada del mundo.

Ante mis ojos, esa hermosa hechicera se convirtió en una anciana de por lo menos cien años, llena de arrugas y canas.

―Aquí… ―Nikolai quedó con la palabra en la boca ante la escena.

―¿Se fue?

―Sí, me pidió que me despidiera en su nombre.

―Solo quería verte.

―Eso dijo, no sabía que era tan famoso.

―Lo eres mucho más de lo que crees, Medonte.

―Espero que cuando llegue el momento, mi fama me preceda y pueda contar con algunos para ayudarme a destruir a Catalina.

―Por supuesto que así será, ten la certeza de que muchos querrán pelear a tu lado.

―Mi misión, por el momento, es tratar de recordar y potenciar mis dones. Hasta este momento no he necesitado de ellos, pero Estrella me dijo que tenía muchos más poderes que he de desarrollar para cumplir con mi cometido.

―¿Necesitas ayuda?

―No, yo estaré bien. Ve con tu gente, ¿cómo te ha ido con eso?

―Bien, hemos reclutado a muchos, está llegando el momento de conquistar nuevas tierras, algo que muy pronto se llevará a cabo.

―Nuevas tierras, ¿eh?, me parece fantástico; estoy muy orgulloso de ti, Nikolai, yo sabía que estabas destinado a grandes cosas.

―Gracias, Medonte.

Le di un fuerte abrazo. Él debía volver y yo meditar en todo lo que tenía que hacer, trabajar en mis recuerdos y planear la destrucción de Catalina de una vez por todas.

 



13: Separación


Pasaron algunas centurias, donde todo estuvo en calma. Nikolai no buscó ni quiso tener una compañera, a mí me preocupaba verlo tan solo.

―Abril fue demasiado importante para mí, Medonte, el dolor que sentí cuando se fue no ha sido superado por nada. No quiero volver a sentir algo similar nunca en mi vida ―respondió cuando le insistí que buscara a alguien con quien compartir su vida.  

―Ha pasado demasiado tiempo.

―Y yo sigo enamorado de ella.

―No creí que te afectaba tanto, es decir, sabía que ya no querías volver a tener una compañera, sin embargo, no creí que siguieras enamorado. ¿Por qué no la has buscado? En más de una ocasión ha debido reencarnar.

―¿Para qué? ¿Crees que me aceptaría siendo lo que soy? Aún si me recordara, ¿olvidas que ella odiaba lo que eras? Y si no recuerda, ¿cómo podría estar con ella como mujer? Sabes que podría matarla.

―Podría ser como tú.

―Eso jamás.

―¿Por qué?

 ―Porque no la condenaría a una vida así.

―¿Lo consideras una condena? Tú mismo me pediste ser como yo.

―Para mí no es una condena, pero ambos sabemos que no para todos es igual y a ella no le gustaba esta vida.

―Tienes razón.

―Prefiero quedarme solo.

―Estás en tu derecho ―respondí con tristeza, no me gustaba verlo tan solo.

―No te preocupes por mí, Medonte, sé que quieres que tenga una compañera, pero de verdad no me hace falta.

―Está bien, pero si alguna vez quieres estar con alguien o si alguna vez quieres irte, sabes que estás en libertad de hacerlo.

―Lo sé, y agradezco tus palabras. Tú has sido un padre para mí, desde que te conocí allá en mi pueblo, te convertiste en mi mentor, aprendí de ti más que de mi propio padre.

―Yo debo confesar que me considero muy afortunado por tenerte a mi lado, todo este tiempo has estado conmigo en tantas cosas, no me has abandonado, podrías haberte ido cuando las cosas se pusieron difíciles, sin embargo, continuaste a mi lado, como un hijo, más que un hijo.

―Siempre estaré contigo, siempre podrás confiar en mí.

―Lo sé, lo sé.

Le di un abrazo, sentía, muy dentro de mí, que muy pronto nuestros caminos seguirían rumbos diferentes. 9

Pasó un buen tiempo, aunque no tanto para mí; después de vivir milenios, un par de siglos era nada. Una tarde, sucedió.

―Tengo que hablar contigo ―me dijo muy nervioso.

―¿Pasa algo malo?

―No. Lo que pasa es que… Me encontré con alguien… Un ser diferente a nosotros… ―titubeó, le costó decir mucho aquellas palabras, yo no quise intervenir en su mente, no era algo que hiciera con frecuencia, pues respetaba su privacidad.

―Nikolai, sabes que puedes decirme lo que quieras, ¿qué pasa?                 

―Podrías verlo tú mismo ―respondió angustiado.

―Sabes que no lo haré, prefiero que me lo digas tú mismo, ¿tan grave es?

―No, no es grave… Es que… El Diablo… El Diablo vino a mí y me pidió ayuda para manejar una ciudad en el otro continente, es una ciudad emergente donde, se supone, convergerán diferentes seres, quiere que me haga cargo de ese lugar para mantener el orden.

―Te he dicho muchas veces que, el día que te quieras ir, debes hacerlo.

―Es que aún no sé si debo aceptar.

―¿No quieres?

―¿Qué dices tú?

―¿Qué quieres tú? Eso es lo importante.

―¿No será demasiada responsabilidad? En realidad, es una ciudad que todavía no está siquiera creada, debo ayudar a reunir a más seres diferentes, para luego ir a fundar esa ciudad. No es un trabajo fácil.

―Nunca le has temido a los desafíos. El mejor guerrero de Egipto, ¿duda ahora de su capacidad? Has manejado ciudades enteras, Nikolai, ¿por qué temes ahora?

―Todo lo que he hecho ha sido bajo tu alero, Medonte, siempre has estado a mi lado, como un padre, guiándome.

―Te subestimas, Nikolai, hace mucho tiempo que dejé de guiarte en tu andar como líder, has sido mi brazo derecho, has tomado decisiones sin necesidad de consultarme, has manejado nuestros asuntos sin que tenga que estar tras de ti para apoyarte. Lo harás sin dificultad. Si el Diablo en persona te quiere a ti para ese cargo, no es por nada, ¿o crees que él no averiguó acerca de ti, antes de pedirte que lo apoyaras?

―¿Crees que esté bien?

―¿Está bien para ti?  

Nikolai guardó un entendido silencio. Él quería hacerlo, su problema era yo, temía a mi reacción y no quería dejarme solo.

―¿Cuándo te vas? ―pregunté para no hacerle más difícil su decisión.

―Él quiere que me vaya lo antes posible.

―¿Dónde quedará esa misteriosa ciudad?

―Al otro lado del mar, al norte, mucho más al norte de donde estuvimos en las montañas hace unos siglos.

―Sí, es una tierra que promete.

―Según me dijo, se vienen grandes cambios para esas civilizaciones, él estará detrás de aquello, aunque aún no sé a qué se referirá.

―Ya lo sabrás y me contarás. O quizá me enteré por las noticias que, seguro, se esparcirán por el mundo.

―Claro.

―Te irá bien, ten confianza, has sido un hombre leal, fuerte y capaz y así seguirá siendo por los siglos de los siglos y, si necesitas de mí, de mi apoyo o consejo, no dudes en avisarme, sabes que seguirás contando conmigo siempre.

―Gracias ―me dijo con una aliviada sonrisa.

―Sé que te irá muy bien, serás un hombre respetado y estarás por sobre miles, serás el líder natural de esas tierras.

―Gracias por tu voto de confianza.

―No es un voto de confianza, Nikolai, es una profecía, un vaticinio que se cumplirá.

Sonrió otra vez y me estrechó la mano.

―Espero que nos veamos pronto.

―Yo también lo espero.

Se fue. No tenía cosas que arreglar ni llevar nada, cuando nos cambiábamos de sitio, jamás cargábamos con nada, no nos hacía falta. Simplemente se despidió de sus compañeros y se fue.  

―¿Qué vamos a hacer ahora? ―me preguntó Marcos, uno de los de mi clan, al rato.

―¿A qué te refieres?

―Ahora que Nikolai no está…

―A nosotros también nos toca irnos, ya llevamos demasiado tiempo aquí, debemos decidir a dónde nos iremos.

―¿Reúno a los demás?

Lo miré y sonreí, él era el líder natural tras Nikolai y, por su actitud, quería tomar su lugar en el grupo.

―Claro, Marcos, gracias.

―Es un placer ―me respondió con satisfacción.

Desde aquel día, Marcos se convirtió en mi mano derecha. Era un buen líder, consejero y amigo.

Un día recordé ciertas cosas. Recordé a mi hija. Recordé lo ocurrido. Recordé a mi sobrina. Catalina había asesinado a ambas. Licurgo se fue con la maldita. Yo me quedé solo. Los recuerdos parecían dagas que se me enterraban en mis sienes.

―¿Pasa algo, Medonte? ―me preguntó Marcos.

―Tú no conoces mi historia, Marcos, creo que es hora de que la sepas.

Le conté todo lo ocurrido, todos esos siglos, desde que conocí a Luna, la madre de Abril.

―Es una historia muy… extraña, por decir lo menos. Hace trescientos años fui convertido por Nikolai, lo cual he agradecido cada día, estuve a punto de morir y ahora soy un eterno y, aunque la alimentación que debemos llevar no es la mejor para mi conciencia, no me arrepiento. Pero ¿sabes qué?, tengo un don, un don que solo un par de mis compañeros conoce, porque es un don que, hasta el momento, no me había servido de nada.

―¿Qué don?

―Puedo ver las vidas anteriores de las personas. Es decir, puedo saber quién fue en su vida anterior, o en su primera vida.

No comprendí del todo su mención.

―Puedo buscar a tu hija cuando quieras.

―¿Cómo sabrías que es ella?

―Dudo mucho que haya muchos bebés asesinados por Catalina de la forma en la que dijiste.

―¿Me ayudarías?

―Para eso estoy, ¿no? ―me dijo con una sincera sonrisa.

―Gracias, Marcos.

Me dio un par de golpecitos en el brazo.

―De nada, siento que esto también me incumbe, aunque todavía no sé cómo.

―Ya lo averiguaremos ―respondí, también sentí que ese joven sería parte importante en esa madeja de lana que se estaba desenredando poco a poco. Demasiado lento, a mi parecer, aunque, ¿quién era yo para querer apurar la causa?

Mala’ikan no apareció en un buen tiempo y, cuando lo hizo fue para decirme que debía llevarse a Marcos, lo necesitaba para una misión, que después, cuando estuviera terminada, me lo diría.

―¿Es por Abril?

Me sonrió benevolente.

―Así es, Medonte, ahora que recordaste, tendrás la misión de rescatarla.

―¿Por qué te llevas a Marcos entonces? ¿Por qué no voy yo?

―Tú solo la pondrías en más riesgo, Catalina no descansa, ni descansará, mientras ella siga viva. Y sabe que tú puedes conducirla a ella, como lo has hecho todos estos años.

―¿Qué dices? Yo no…

―La ves vida tras vida, solo que no recuerdas, ahora que recordaste, cada vez que la veas, la pondrás en más peligro.

Acepté su decisión, si de mí dependía el que esa bruja no le hiciera daño a mi pequeña, aceptaría estar lejos de ella, por la eternidad, si fuera necesario.



12: catalina gana


Pasaron otros trescientos años. Parte de mi clan se quedó en Mesopotamia, cuatro nos siguieron. Livia se quedó conmigo, como mi mujer.

Un día, estando seguros de que Catalina no nos encontraría, regresamos a la Creta antigua. Según me había enterado, había vuelto mi hija y quería verla, quería saber si mis sentimientos eran lo suficientemente fuertes como para recordarla al volver a abrazarla. Catalina me había vuelto a hechizar para olvidarla, de no ser por Nikolai que me lo recordaba con frecuencia, no me hubiese enterado de que tenía una hija que volvía cada cierto tiempo. Quería creer que mi corazón era más fuerte de lo que esa bruja creía y que no me podría ganar, por más esfuerzos que hiciera.

La vi. Ella me reconoció de inmediato. Mi corazón a ella también. Nos acercamos y tomé sus manos. Livia, que me acompañaba, se quedó detrás de mí.

―Hola ―saludé a mi hija sin saber muy bien qué decir.

―Hola.

―¿Sabes quién soy?

―Sí, he soñado contigo.

Acaricié su mejilla con el dorso de mi mano.

―Eres muy bella en esta vida.

―Gracias.

―¿Eres feliz? ¿Tienes una buena familia?

―Sí, bueno, algo así, estoy con una familia que me acogió después de que mis padres fallecieran.

―¿Te tratan bien?

―Todo lo bien que me puede tratar alguien que no es mi familia ―me respondió encogiéndose de hombros, resignada a su vida.

Me dolió aquello. Yo crie a la hija de Livia como si fuera mi propia hija, no solo con las comodidades propias de mi rango, también con todo el cariño que pude entregarle, sin embargo, estaba seguro de que a ella no la trataban igual.

―Tranquilo, sí me tratan bien.

―Tú deberías llevar una vida de princesa. Ahora sí te llevaré conmigo, preciosa, eres mi hija y no te voy a dejar a merced de quienes te quieren hacer daño.

―Creo que eso es muy tarde. Ella jamás podrá ser feliz, no mientras yo pueda evitarlo.

La voz de Catalina hizo hervir mi sangre. Me lancé sobre ella, no obstante, mi intento quedó en nada cuando ella me paralizó con un hechizo. Se fue en contra de mi hija sin que pudiera hacer nada. Livia corrió y se puso entre una daga que arrojó la bruja y Abril, lo cual la mató al instante, Catalina le prendió fuego y el cuerpo de Livia se convirtió en cenizas. Yo me sentía impotente, no podía moverme. Usé todo el poder de mi mente y cuerpo para deshacerme del hechizo, lo cual logré con no poco esfuerzo. Me fui en contra de mi enemiga, pero fue demasiado tarde, antes de llegar a ella, asesinó a mi hija. Aun así, tiré a Catalina al suelo y quedé sobre ella.

―¿Qué harás? Sabes que no puedes destruirme ―me dijo con sorna y una estúpida sonrisa.

―No me importa, con matarte me conformo.

Largó una cruel risotada.

―Jamás podrás lograrlo.

Una especie de humo negro salió de su cuerpo y se esfumó. La joven que tenía bajo mi cuerpo abrió los ojos como platos, aterrada ante la situación.

―No me lastime, por favor ―me rogó con voz quebrada.

―¿Quién eres?

―Ella es la verdadera mujer, a la que Catalina le robó su cuerpo ―me explicó Mala’ikan que había aparecido tras de mí―. Ella no tiene la culpa de nada.

Me levanté y ayudé a incorporarse a esa joven que tenía enfrente.

―¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué estoy aquí?

―¿No lo sabes?

Ella negó con la cabeza.

―Vete.

Los ojos se le llenaron de lágrimas.

―¿A dónde? ―preguntó con inocencia y dolor.

―No tiene familia, Medonte, ella fue arrebatada de su hogar cuando apenas era una niña.

―¿Y Catalina?

―Ella abandonó este cuerpo y se fue en busca de otro.

Miré el cuerpo inerte de Abril y las cenizas de mi mujer.

―Catalina ganó otra vez.

―Y lo seguirá haciendo.

―Hasta el fin de los tiempos…

―Hasta que llegue su juicio.

―¿Qué hago con ella? ―pregunté, refiriéndome a la joven que había usurpado mi enemiga.

―No lo sé, déjala ir y que se las arregle sola.

Observé otra vez a la chica, nos miraba como si se hubiera detenido en el tiempo.

―La tengo paralizada, no quiero que escuche nuestra conversación.

―¿Podrá arreglarse sola en este mundo? ―Algo en mi interior me impedía dejarla a su suerte.

―¿Qué pretendes?

―¿Ayudarla?

―Eres muy débil, Medonte, ¿te lo habían dicho?

―Mi padre me dijo antes de morir que cuando yo nací le entregaron una profecía, yo sería parte de la liberación del mundo, no solo de mi pueblo, también me enseñó que los reyes estábamos para servir, para ayudar, que jamás olvidara eso, que debía velar por los demás, en especial por los más vulnerables. Cumpliré con mi palabra.

―Llévala contigo, entonces, tal vez la quieras como tu mujer ahora que Livia fue destruida.

―No, apenas es una niña para mí.

―Los años no cuentan igual para ti que para ella.

―No. La dejaré con Nikolai, a él le hace falta una compañera.

Mala’ikan le quitó el hechizo y la joven se largó a llorar.

―¿Qué pasa? ―le pregunté.

―¿Quién es Catalina? ¿Dónde me va a llevar? ¿Quién es ese tal Nikolai?

―¿Escuchaste lo que hablamos? ―interrogó el ángel, muy sorprendido.

―Sí…

―Será mejor que la lleves contigo, Medonte, mantenla a salvo mientras averiguo quién es en realidad.

―Está bien.

Mala’ikan desapareció de nuestra vista.

―¿Cómo te llamas?

―No lo sé, no lo recuerdo

―¿Cómo quieres llamarte?

―Sonya.

Casi caigo al suelo al escuchar ese nombre, Song Yha era mi sobrina, hija de mi hermano, ¿sería posible que ella…?

―Vamos a casa, Sonya, desde ahora serás mi protegida. Yo te cuidaré.

Extendí mi mano para que ella la tomara. Con temor, se acercó y colocó su pequeña extremidad en mi poderosa mano.

―Eres duro y frío ―comentó casi en un susurro.

―Sí, lo siento.

―Una vez vi a alguien como tú.

―¿Cuándo?

―Cuando era una niña… No tengo muy claro el recuerdo, pero él me dijo que no temiera, que todo estaría bien, me dijo que él me amaba… Luego apareció una mujer y ya no tengo más recuerdos de nada. Fue como dormir un largo sueño, hasta ahora que desperté sin saber quién soy ni qué hago aquí.

―Tranquila, desde ahora eres Sonya y serás mi sobrina, como una hija para mí.

Ella sonrió y apretó mi mano sin temor.

―Vamos.

Llegué a casa con ella. Debo admitir que me decepcionó un poco la actitud de Nikolai hacia ella, pues no la vio como mujer, su presencia le recordó a su hermana, la que falleció cuando apenas era una cría, por lo que mis planes de que él también consiguiera una compañera, no se cumplirían con Sonya.

Pese a ello, no convertí a nadie más, tampoco permití que lo hiciera Nikolai, suficiente con los que éramos, no tenía claro el alcance de existir más de nosotros; prefería esperar para saber cómo afectaba nuestra presencia en el mundo, además, aparte de Livia y Nikolai, ningún otro había conseguido sobrevivir a la transformación hecha por mí, de hecho, solo Nikolai había convertido, los demás no se habían atrevido, yo había dado la orden de que no lo hicieran, sin embargo, no tenía idea de cuánto tiempo más me obedecerían, algunos ya se estaban resistiendo. Eso sin contar a los que se habían quedado en Mesopotamia, de ellos no sabía nada, aunque, según Nikolai, no habían creado a más, pues no querían ser descubiertos.

Nuestra tranquilidad duró quince años, hasta que Sonya enfermó.

―La voy a convertir ―le dije a mi amigo.

―Lo puedo hacer yo, no sabemos si resistirá tu poder.

―Está bien, no quiero perderla.

―¿Le preguntarás si quiere?

Dudé, no sabía si consultarle, si no quería…

―Yo creo que es lo que corresponde, no puedes tomar una decisión tan importante por ella.

―Tienes razón. Vamos.

En su cuarto, Sonya dormía, había estado con fiebre toda la noche anterior y llevaba dos días sin comer. Abrió los ojos y nos sonrió.

―Hola ―saludó apenas.

―Hola, ¿cómo te sientes?

―Mejor.

―Sonya, quiero hablar contigo ―comencé dudoso―. Tú podrías sanar, podrías… vivir…

―¿Quieres convertirme en lo que tú eres?

Me quedé estático, sin saber qué contestar. Era extraño, aun a mis tantos siglos, hablar de mí como algo no humano

―No lo sé, no siento que ese sea mi camino, tengo… dones, ¿sabes? Cosas que a nadie se las he dicho.

La miré sin comprender. Nikolai se acercó a la cama y le tomó la mano.

―Eres una bruja ―le dijo.

―Eso creo.

Sonya alzó su mano y con el solo poder de su mente atrajo hacia sí una de las tazas que había en su mueble de tocador.

―Lo sabía ―dijo Nikolai―, tienes esa energía.

―¿Entonces? ―pregunté.

―No sé el efecto que tenga en ella el que la conviertas ―respondió Nikolai.

―Ahora no aparece Mala’ikan para que nos ayude.

―Él no está, pero estoy yo ―habló Catalina.

Miré alrededor, pero no la vimos, sentí su risa burlona.

―Medonte…

Me volví a Nikolai, que sostenía en sus brazos el cuerpo inerte de Sonya.

―¿La mató?

―Sí. Pasó como una brisa y se llevó su alma.

―Una vez más ganó ―farfullé.

Mi amigo no contestó, solo se aferró al cuerpo de Sonya, no la amaba como mujer, pero sentía que su hermana había vuelto en ella.

―¿Estás bien? ―consulté.

―Sí. Sí.

―Vamos a darle una debida sepultura.

―Sí. Hablaré con el sepulturero.

―Yo voy, quédate con ella ―repliqué y salí a hacer los trámites necesarios para llevar a cabo el funeral de mi sobrina.

 


 

 

 

 

 

 

 


11: recuerdos fugaces

 


A las cinco en punto llegué al pozo de Jen, estaba impaciente por ver a esa chica que Mala’ikan decía era mi hija.

―Hola. ―La voz más dulce sonó en mis oídos, me di la vuelta y me encontré con ella. Me quedé de piedra. Mi corazón la amó de inmediato―. ¿Todo está bien?

―Sí, sí, hola, perdón, es que… ¿Viniste sola?

―Mala’ikan me dejó cerca.

―Ya. ¿Te dijo para qué nos encontraríamos?

―No necesitó decírmelo.

―¿Lo sabes?

―Lo supe en el instante en el que te vi esta mañana.

―¿Lo supiste?

―Sí. Mala’ikan me explicó que, como es mi segunda reencarnación, aún puedo recordar muchas cosas y recuerdo tu cara, yo era una bebé.

―Eso fue hace mucho tiempo ―medité, yo no recordaba nada.

―Sí, Mala’ikan me explicó lo de tu maldición.

―Y me recuerdas.

―Sí, estás igual ―indicó con una sonrisa.

Le tomé la mano y recuerdos fugaces pasaron por mi mente, la tenía en mis brazos, la hacía dormir, le hablaba y cantaba, no me gustaba apartarme de ella, la amaba tanto.

―Eras tan bella ―mencioné con emoción, si hubiese podido llorar, estoy seguro de que las lágrimas hubieran brotado sin control.

―¿Y ya no? ―preguntó con algo de diversión, quizá para no llorar.

―Sí, sí, eres muy bella.

―¿Aunque me parezca a Catalina?

―¿También lo sabes? Pues, aunque se parezcan físicamente, no tienen punto de comparación. Tú eres hermosa.

Ella se sonrojó y bajó la cara.

―¿Cómo es tu vida? ¿Eres feliz? ―Quise saber.

―No ha sido fácil. Mi mamá murió cuando yo nací y mi papá se fue de la casa, me crie con mis abuelos, que me dejaron cuando yo tenía doce. Desde ahí he tenido que trabajar. Como soy pobre, ningún hombre se ha querido casar conmigo. Estoy sola, trabajo todo el día…

―Eso ya no ocurrirá más, te vendrás conmigo, yo cuidaré de ti, soy tu padre, tu primer padre y no te abandonaré.

―Pa…

No terminó la frase, cayó desplomada entre mis brazos.

―Jamás la volverás a ver, infeliz, jamás. La desapareceré de tu vista, no volverás a recordarla y ella tampoco, te temerá, cada vez que te acerques a ella, ella huirá de ti, nunca podrás volver a acercarte a ella ―sentenció y desapareció de mi vista.

Yo tomé en mis brazos el cuerpo inerte de mi hija. Una vez más la volvía a perder.

―Lo siento, no lo vi venir ―me dijo Mala’ikan.

―No es tu culpa ―repuse.

―¿Qué harás?

―Darle una sepultura, si no le pude dar una buena vida, le daré una buena muerte.

La llevé a una cueva mortuoria y la dejé allí mientras iba en busca de mortajas. Hice el ritual para esos casos y cerré la piedra.

Tras ese proceso, miré a Mala’ikan que se mantuvo en silencio durante todo el rito.

―Catalina no descansará hasta verte destruido ―me dijo.

―Y no le daré en el gusto. Escaparé. Solo un favor te pediré, cuando Abril regrese, avísame para alejarme de ella lo más posible, no quiero que la vuelva a lastimar por mi culpa.

―Está bien.

―Y cuídala. Tú que puedes.

Sin esperar respuesta, desaparecí a toda prisa. Corrí por mucho tiempo, sin rumbo ni descanso. Los pocos recuerdos que había tenido cuando tomé su mano, ya se habían desaparecido y una sensación de vacío llenaba mi corazón, como si no pudiera hacer nada para llenarlo.

―¡Medonte!

Me detuve al escuchar mi nombre.

―¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí?

Yo me quedé en silencio, jamás pensé en volver a verla.

―¿Pasa algo malo? ―insistió.

―Livia…

―Medonte, ¿qué ocurre? Te ves muy mal.

―¿Qué haces? ¿Dónde estamos?

―Al norte de Roma. ¿Qué pasa?

―Nada que te incumba, ¿qué es de ti? ¿Eres feliz por fin?

―¿Feliz? Estoy sola, debo cambiar de ciudad cada cinco años, debo cuidarme de ver a los antiguos amigos, ¡no puedo tener amigos! Quise matarme mil veces y siempre resucité.

―Debes cortarte la cabeza o quemarte, son las dos opciones para morir.

―¿Y tú? ¿Qué te pasa? Estás como si hubiese pasado una tormenta por ti.

―Han pasado tantas cosas, Livia, que contarlas es imposible.

―Mil años no pasan en vano.

―No, por supuesto que no.

Livia miró en la dirección en la que yo venía corriendo, yo miré por inercia.

―¿Nikolai? ―Se sorprendió mi exmujer.

―Livia, no esperaba volver a verte.

―No, bueno, he tratado de mantenerme alejada.

―Sí, he sabido eso de ti, huyes cada cierto tiempo, aunque es imposible no dejar una huella, ¿verdad?

―¿Tú sabías dónde estaba? ―interrogué.

―La única mujer que no envejece y que no se establece en ningún lugar, no come, no duerme… No has sido muy discreta, Livia, escapar cada cierto tiempo no te da garantía de nada.

―No sé qué hacer con esta maldición.

―Pudiste pedir ayuda. Además, han pasado mil años, deberías haber aprendido algo. A no ser, claro está, que quieras que te descubran y te destruyan.

―Ya quisiera morir.

―Si quieres morir, muere, pero sola, no nos pongas en evidencia a nosotros, si te pillan a ti, caeremos todos, ¿o crees que si descubren cómo pueden destruirnos van a quedarse tranquilos? Nos buscarán y nos matarán a todos.

―¡Somos un engendro! ¿No lo comprendes, Nikolai?

―No somos un engendro, somos seres superiores, si tú eres un engendro que va por ahí asesinando gente, no es nuestro problema, es tuyo. Nosotros ayudamos a los demás, tratamos de que la vida a nuestro alrededor sea mejor. Tú destruyes todo lo que ves.

Yo estaba en silencio, el tema de Livia me tenía sin cuidado, el problema era que su presencia me recordó mi vida pasada, mi conversión, el día que asesiné a decenas de dorios. Ver a Livia con su pequeña hija en brazo me hizo evocar a mi propia hija, a Abril, mi Abril. Y verla de nuevo, justo cuando volví a perder a mi pequeña, no me hacía sentir mejor.

Flechazos de recuerdos pasaban por mis ojos cerrados. Las imágenes se traslapaban, no sabía qué eran recuerdos, qué eran imaginaciones de mi mente, qué eran mentiras implantadas por Catalina o Mala’ikan.

―Lo siento, Medonte, esta vez sí desapareceré de tu vida. ―La voz de Livia me regresó a la realidad.

―¿Te vas? ¿Por qué te alejas de mí? Tú me dijiste que me amabas.

―Y todavía te amo, pero tu corazón pertenece a otra.

―A otra que no recuerdo como te recuerdo a ti.

―Pero la amas y no puedo con eso.

―Eso lo dice la mujer que era una más de las tantas esposas de un militar de alto rango.

―No era por voluntad, lo sabes.

―Sí, perdón.

―¿Quieres que vuelva contigo? ¿No estás enojado conmigo?

―¿Por qué lo estaría?

―Porque te abandoné.

―Escapaste del dolor que significó perder a tu hija. Lo entiendo, créeme que lo entiendo. Si quieres volver, mis brazos te esperan.

Ella se acercó y se apoyó en mí, su cabeza descansó en mi pecho. La abracé y cientos de recuerdos volvieron a pasar por mi mente. Recuerdos de mi vida con Livia, de mis primeros años como vampiro y de antes, de cuando era el futuro rey del Ática. Un pueblo que había quedado en el pasado, de los que ya nadie se acordaba.

―Vamos a casa ―dije al rato, cuando la serie de recuerdos cesaron.

Tomé de la mano a mi mujer y mi amigo se alistó a mi lado. Volvería a casa, pero solo a tomar un par de cosas e irnos, no quería estar cerca de Catalina. No hasta no estar seguro de que podría acabar con ella.