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martes, 4 de mayo de 2021

41: Efímera felicidad


Aquella noche me fui al bosque, necesitaba pensar, pronto todo terminaría.

―¿Preparado para el gran evento? ―me preguntó Mala’ikan tras aparecer ante mí.

―Eso espero.

―No será fácil.

―Lo sé, solo espero que salgamos victoriosos.

―Tienen mucha ayuda y seguirán llegando más ―me dijo mirando a la casa, yo me volví y vi que desde el cielo caían espirales de luces.

―Son ángeles que vienen a luchar.

―¡Vaya! ―exclamé sorprendido.

Hubo un minuto de silencio que se tornó muy tenso.

―Medonte… ―habló al fin con duda, lo cual me resultó muy extraño―. Mañana alguien tiene que morir.

―Espero que sea Catalina.

―Además de ella.

―¿Qué?

―Hay una muerte segura que creo no te importará.

―¿Quién! Todos aquí son importantes.

―Nicole ―dijo lacónico.

―Ah, ella…

―Sí, ella. Las otras dos muertes todavía no están claras.

―Si me vas a decir que una de ellas es mi hija…

Un silencio respondió más que un grito.

―¡No! ¡No! Si ella muere, esto no habrá servido de nada. Todo lo que he hecho no habrá servido para nada.

―No te pongas así, Medonte.

―¿No? ¿Cómo quieres que me ponga? Mi vida entera la he sacrificado para terminar con Catalina y darle a mi hija la vida que merece, ¿y tú me dices que no me ponga así?

―Cálmate, nada está dicho, todavía, además, si muere Catalina, habrás salvado al mundo.

―¡A la mierda el mundo si pierdo a mi hija! ¿Sabes todo lo que ella ha sufrido? ¿Sabes todo lo que he vivido para llegar a este momento con vida? ¿¡Lo sabes?!

―Lo sé, Medonte, lo sé, yo solo vine a advertirte.

―Puedes irte con tus advertencias a la cresta.

―¡Medonte!

―Mi hija no puede morir. ¡No puede! ―Lloré con amargura.

Mala’ikan se acercó y me abrazó como un padre. En ese amargo llanto descargué toda mi frustración por ser incapaz de salvar a mi pequeña.

―Hay un modo, Medonte.

―Un modo de qué.

―Un modo de salvarla.

Yo me aparté y lo miré esperanzado.

―Dime, lo que sea con tal de que ella viva la vida que se merece.

―Debes prestar mucha atención ―me ordenó antes de explicarme paso a paso lo que debía hacer.

 

 

La mañana llegó temprano para Abril, se despertó antes de la siete y no pudo ni quiso seguir durmiendo.

―Deberías descansar ―le dije―, puedo ayudarte, si quieres.

Ray estaba con algunos de nuestros amigos en una reunión de planificación.

―No, no quiero. ¿Podemos practicar?

―¿Por qué no vamos a dar una vuelta? Ya has practicado lo suficiente, no debes gastar tus energías.

―¿No que soy energía pura?

―Así es, mi niña, pero también eres humana, además, quiero pasear contigo.

Comencé a caminar con ella de la mano, de pronto, me detuvo, yo la miré.

―Papá, lo lograré, ¿cierto?

Le sonreí y acuné su dulce rostro.

―Claro que sí, hija, esta noche ganarás, no te quepa duda de eso.

―¿Has visto este futuro?

―No, es una de las cosas que me está vedada, pero sí recibí iluminación de alguien que sí lo sabe.

―Entonces, estás seguro de que ganaremos.

―Sí, mi amor, tú ganarás.

Seguí caminando y me dirigí al bosque con ella.

―¿Papá?

―¿Pasa algo?

―¿Dónde vamos? Este lugar me da miedo.

―No debes temer, mi niña, nada malo te va a pasar aquí, mucho menos conmigo, solo quiero que veas algo.

Nos detuvimos en el acantilado, donde hacía un tiempo había querido suicidarse.

―¿Qué hacemos aquí?

―Abril, hija, yo soy tu padre, jamás te haría daño, no te traje aquí para matarte, sería estúpido, estamos rodeados de vampiros que saben quién eres tú y quién soy yo ―respondí a sus pensamientos―. Además, con tus poderes, si quisieras, o tuvieras la necesidad, me podrías eliminar.

―Es que no entiendo.

La guie hasta la orilla, desde donde se podía ver el mar y, a lo lejos, extensiones de tierra, hasta donde el ojo podía observar.

―Este mundo, hija, dependerá de ti esta noche, y no solo este plano, los otros también, ya has visto que han llegado seres de todo tipo y lugar. Tú eres la elegida para salvar a este y otros mundos. Tú eres fuerte, tú eres vida, tú eres energía, tú eres todo lo que se necesita para acabar con Catalina y sus maldades. Ven, que te voy a llevar a recargar energías.

La subí a mi espalda.

―Afírmate muy bien ―le indiqué.

Ella se aferró a mi cuello y salté al abismo. Ella gritó aterrada y se agarró más fuerte de mí. A medio camino, me convertí en un águila calva; se relajó.

―¿Eres como Leo?

―Sí. ¿Estás bien?

Por respuesta se recostó en mi lomo.

―Gracias, papá.

―Te amo, hija.

―¿Puedes bajar al mar? ―me preguntó al rato.

Al llegar abajo, me volví hombre de nuevo, quise leer sus pensamientos al ver que no hablaba, pero no pude. Ella sonrió.

―¿Qué pasa?

―Puedo bloquear mis pensamientos.

Sonreí.

―Vaya, vaya, entonces ya no puedo leerte, aunque ahora piensas en lo orgulloso que quieres que me sienta por tus logros.

Hizo un puchero y dejó caer los brazos.

―¡Me leíste! -protestó.

Me acerqué y la abracé con toda la fuerza que podía infundir.

―Mi pequeña, una vez te dije que eras muy transparente y tus ojos dicen más que tus palabras. Te aseguro que tu mente está bloqueada para mí y sí, soy el padre más orgulloso y feliz de todos los mundos por tenerte como hija. Te amo, te amo y durante mucho tiempo he esperado este momento, estar contigo, hablarte, contemplarte, saber que tú también me quieres… Verte feliz y completa. Claro que soy el padre más orgulloso y jamás lo dudes.

Ella se apretó más a mí.

―Te amo, papá, te amo mucho y me alegra haberte encontrado.

No podría describir la felicidad que me embargó en ese momento, aunque sabía que sería efímera… como siempre.



sábado, 1 de mayo de 2021

40: Recupero a mi hija

 Poco a poco comenzaron a llegar las ayudas. Una noche apareció Marcos. Ya no tenía que ocultar mis años ni a mis amigos, así es que lo saludé con un afectuoso abrazo. Llegó con Andrea, mi nieta, una niña preciosa a la que no había tenido el gusto de conocer.

―Hola, Andrea, es un gusto poder conocerte al fin.

―Lo mismo digo, Manuel ―respondió, ella sabía quién era yo y también sabía que aún no era tiempo de decirlo.

Nos abrazamos, aunque no podía decirle a todo el mundo quién era ella para mí, la amaba.

―Y vengo con alguien más, estoy seguro de que querrás verla ―me dijo Marcos.

―¿Alguien más?

―Así es.

―¿Dónde está?

―Vamos, te llevaré con ella.

Nos adentramos en el bosque, no sabía qué esperar. Nos detuvimos en un claro, pero no había nadie.

De pronto apareció a mi lado, como si hubiera aparecido de la nada.  

―¿Sonya?

―Hola… tío.

La abracé fuerte, sin temor a lastimarla, era vampira como yo.

―¿Cómo es posible? ―pregunté después de separarnos.

―¿Atrapaste a los tipos? ―me preguntó de vuelta.

―Están en el infierno, donde corresponde. ¿Cómo es que estás aquí?

―Ese día, después de que Mala’ikan me llevó con él, me contó todo, abrió mi mente a muchos recuerdos, incluso a lo que sucedió la noche que me salvaste.

―Siento no haber llegado antes.

―No, no te disculpes, no fue tu culpa, además, Mala’ikan lo dejó como solo un recuerdo, como si no lo hubiese vivido yo. Te agradezco por borrar de mi memoria esa noche, esos hombres me hicieron mucho daño y habría muerto tirada en la calle de no ser por ti.

La volví a abrazar. Sí, la chica a la que rescaté de los mismos tipos que quisieron hacerle daño a Abril, resultó ser Sonya, mi sobrina, la hija de Ricardo y la verdadera mujer de Max.

―Él me hizo recordar todas mis vidas pasadas ―mencionó con un dejo de tristeza―. Marcos me dijo que Max está con alguien más.

―Ella le hizo creer que eras tú.

Bajó la cabeza con tristeza, la volví a apegar a mí.

―Tranquila, preciosa, él volverá a ti, si así tú lo quieres, pero, mientras tanto, no puedes decirle quién eres, tendremos que ser muy cuidadosos.

―No te preocupes, en esta nueva forma sí soy invisible.

―¿Qué?

―¿Por qué crees que no me viste cuando llegaste aquí? La invisibilidad es uno de mis dones. Puedo pasar inadvertida cuando quiero y hacer que la gente no me vea. ¡Ojalá hubiera sido así cuando era humana!

―Mi pequeña…

Ella escondió su cara en mi pecho y comenzó a sollozar. Yo sabía lo que había sufrido, también sabía que sus penas estaban a punto de terminar.

―Todo estará bien, preciosa, todo estará bien ―le aseguré. Ella lloró mucho, al parecer, necesitaba desahogarse. Además, su mayor dolor era pensar en que Max no la amaba, por más que le asegurara que no era así, que él la amaba, solo estaba confundido.

Al rato, volvimos a la casa y Sonya se me desapareció, su poder era muy fuerte, me costó encontrarla, vagaba por ahí, seguía a Max, hubiese querido que Nicole se perdiera para que Sonya tomara el lugar que le correspondía, pero no era factible hacerlo en ese momento en el que todo estaba a las puertas de terminar.

El día anterior a la gran y esperada batalla, Abril llegó al sótano, yo la esperaba.

―¿Lista? ―le pregunté.

―Sí… eso creo.

―¿Cómo que eso crees?

―Sí, ¿estoy segura? ―Cerró sus ojos, asustada.

Me acerqué y le di un beso en la frente, a mí no debía temerme jamás, como tampoco dudar de ella. La aparté para mirarla a la cara.

―Debes estar segura, de eso depende tu vida, mi niña.

Ella abrió los ojos y me miró, yo la contemplé, cada vez se me hacía más difícil no decirle quién era yo en su vida.

―Está bien. Estoy segura.

―Así me gusta, esa es mi chica.

Ella sonrió con timidez, tenía miedo a decepcionarme.

―Jamás me decepcionarás, pase lo que pase, siempre serás mi niña, ¿oíste?

Mi Abril asintió, aunque en su interior continuaba el miedo de no ser suficiente.

―No echarás nada a perder ―respondí a sus pensamientos―, lo harás muy bien, solo debes recordar que eres energía pura, todo lo que quieras lo puedes lograr, sobre todo mañana en la noche, cuando tu madre te dará los poderes de todo el mundo y de todos los tiempos.

―¿Conoces a mi madre? ―Se atrevió a preguntar en voz alta.

―Por supuesto, sería imposible no conocerla.

―¿Desde cuándo?

―Desde antes de que nacieras… la primera vez.

―¿Sabes cuál era mi nombre original?

―Abril. ―Sonreí al recordarlo―. Naciste a mediodía en medio de una feroz lluvia de abril, parecía que las gotas formaban tus hermosos cabellos y tus mejillas mostraban el tímido rojo del sol que intentaba abrirse paso entre las nubes grises, como tus ojos. Eras una hermosa niña, más hermosa no he visto jamás.

―¡Tú estabas allí!

―Por supuesto, no me lo hubiera perdido por nada del mundo.

―Entonces… Entonces… Tú eres… tú… Por eso… Es porque tú… Tú…

Mi pequeña no controlaba sus emociones ni sus pensamientos. La abracé a mi pecho.

―He esperado casi tres mil años para encontrarte. He estado bajo un embrujo que me impedía acercarme a ti. En mis momentos de lucidez te buscaba, pero jamás logré encontrarte a tiempo. No servía de nada viajar en el tiempo ni en el espacio, siempre te me escapabas, hasta hace un tiempo, que descubrí quién eras.

―¿Papá? ―Temí que se desmayara, pero no―. ¡Papá!

Se abrazó más fuerte a mí.

―Mi niña hermosa, no sabes cuánto he soñado con este momento, nunca antes pude oír esa palabra. ―Al menos no con ella consciente.

―¿Nunca? ―Se separó y me miró confusa.

―No pienses en eso ahora.

―¿Por qué nunca? ―insistió.

―Cuando ella mató a mi familia, tú tenías apenas seis meses de nacida.

―¿Seis meses?

―Sí, eras una pequeña bebé cuando… ―No pude evitar que dos lágrimas salieran de mis ojos, recordar eses momento y todo lo que ocurrió después, me volvía vulnerable.

―No llores ―me suplicó y sus manos secaron mis mejillas.

―Todos estos siglos buscándote, pero esa mujer nunca me dejó encontrarte. Hasta ahora.

―¿Por qué no me lo dijiste antes?

―Porque cuando lo descubrí sentí que podía ser peligroso para ti, no podía exponerte.

―Pero ella no puede contra mí, tú mismo lo dijiste.

―Ella no, pero otros sí, aunque no te maten, ya ves que puede hacerte mucho daño. Ricardo está demasiado envuelto con…

―¿Ricardo no lo sabe?

―Ahora sí, lo supo poco antes de saberlo yo mismo, Catalina no le cuenta todo, en realidad, es poco lo que sabe, si no fuera por ese hechizo maldito…

―¿Por qué lo defiendes tanto, después de todo lo que ha hecho?

No respondí, solo la miré, ella tenía la respuesta en su interior.

―¡Es tu hermano! Al otro de tu familia que dejó vivo.

―Abril…

―Entonces hay que rescatarlo y sacarle ese hechizo que tiene. Yo puedo…

―Suficiente es tener que luchar contra Marina para que te hagas cargo de algo que me corresponde solo a mí.

―No, Manuel, lo haremos juntos ―dijo Ray al tiempo que entraba seguido de Leo, Joseph, Nick y Max, quien me miró y me dedicó una sonrisa de alivio―. Pero, para hacerlo, debemos saber toda la verdad, no queremos encontrarnos con sorpresas mañana, podría ser demasiado peligroso.

―Está bien, en realidad, no hay mucho más qué decir, pero les contaré la historia tal como fue.

―Yo solo tengo una duda, ¿qué tiene que ver Ricardo con Nicole? ―preguntó Max, esperaba que al fin le diera una respuesta convincente.

―Cuando Catalina destruyó nuestra familia, Ricardo tenía una hija y, al igual que a mí, le impidió ver su regreso, hasta que se encontró con la madre de Sonya hace cinco siglos, pero lo volvió a hechizar y veinte años después la encontró nuevamente. Pensando que Max estaba muerto y Sonya a merced de Marina, quiso llevarla lejos, para que no la lastimara, pero al final salió peor, Sonya y su hijo murieron. Ricardo jamás se lo ha perdonado, el hechizo de Marina cada vez es menor en él, espero que pueda salir muy pronto de todo eso.  

―¿Entonces él no está enamorado de ella, sino que es su hija? ―preguntó incrédulo Max.

―Así es, no era amor de pareja, era recuperar a su hija.

―¿Y por qué, entonces, le molestó que ella tuviera un hijo?

―Por el peligro, sabía que era mucho más vulnerable… Y lo fue.

―Nicole había dicho que su hijo murió a manos de Ricardo ―comentó Nick―, cosa que quedó clara que no fue así.

“Ella no es Sonya, pero no es tiempo de decírselo a Max”.

“Por mí no lo sabrá”.

―Ricardo no la habría lastimado… ―murmuré.

―Envió a Abril a morir… no hace mucho ―comentó Ray con ironía.

―No, él estaba seguro de que no la matarían, si hubiese querido hacerlo… Pero tampoco quería que Marina se enterase de su plan de salvar la vida de Abril, este era el lugar más seguro para ella.

―¿Quieres decir que él está de nuestra parte?

―No, tiene una lucha interna muy fuerte, esa mujer lo tiene embrujado, puede que reaccione a tiempo, como puede que no, no puedo asegurar que él nos ayudará.

―¿Qué más hay?

Ray quería saberlo todo, así que les conté a grandes rasgos lo que había pasado, solo que omití cualquier detalle que no les interesaba o no necesario para lo que nos esperaba.

 



jueves, 29 de abril de 2021

39: La esencia de mi hija


―Manuel ―me llamó Max, yo me iba a devolver, pero él me hizo un gesto con la mano para que no lo hiciera. Llegó a mi lado y me tomó del brazo para seguir andando. Nos internamos en el bosque.

―Tú dirás ―le dije cuando ya estábamos lejos de la casa y de oídos impertinentes.

―Quiero entender, Manuel. ―Bajó la cabeza y la movió en un gesto de frustración, luego me miró otra vez―. No necesito decirte lo que pienso, Manuel, ni lo que siento, porque eso tú ya lo sabes. Dime lo que quiero saber.

―Tu mente es un caos, Max. Primero, sí, tengo la capacidad de leerte, de leer a los seres, eso ya lo sabes, para ti no es un secreto, como tampoco lo es que soy más viejo de lo que todos aquí creen…

―¿Por qué Maribel no dijo nada acerca de ti?

―¡Claro que sí! Dijo que donde veía miedo, solo había amor puro y verdadero. Y me miró.

―No, no, eso se lo dijo a Ray, no a ti. A ti no te dirigió palabra alguna.

―¿Será porque yo no hablé?

―¿O será que ella sabe muy bien quién eres y qué haces aquí?

―No lo sé.

―Puedes leer mentes.

―No indagué en la de ella.

―Manuel…

―Max, escúchame, todavía es muy pronto, ya llegará el momento en el que toda la verdad será revelada, no te adelantes a los tiempos.

―He esperado quinientos años ―protestó.

―Y yo casi tres mil, sé bien lo que es esperar.

Mi amigo quedó de piedra, jamás esperó una confesión así.

―¿Tres mil?

―Casi.

―Entonces sabes bien lo que pasó hace quinientos años.

―¿Me creerías si te dijera que cuando pasó lo de ustedes yo estaba dormido?

―¿Qué?

―Dormí por veinte años, cuando desperté ustedes estaban en este país, habían huido de Marina.

―Entonces no sabes qué pasó con mi mujer y mi hijo.

―Solo llegué hasta que Isabel Castellán fue asesinada. Después de eso, dormí por veinte largos años. Max, de más está decirte que nadie se puede enterar de esto, ¿verdad?

―Por supuesto, ni siquiera pensaré en eso.

―No te preocupes por tus pensamientos, los bloqueé para que Nick no los vea.

―¿Puedes hacer eso?

―Eso y más. Vamos, debemos volver.

―No, espera.

―Toda la verdad será revelada a su tiempo, no tengo todas las respuestas, aunque creas que sí, ojalá fuera así y supiera por qué llegó Nicole a tu vida justo ahora… No lo sé ―recalqué.

―Quisiera sentir por ella lo que sentí hace cinco siglos.

―No te preocupes, quizá, es solo cuestión de tiempo para que vuelvas a sentir el amor tal como lo viviste con Sonya.

―¿Tú crees? ¿Crees que la atracción que siento por Nicole crezca con el paso de los años?

Sonreí, eso no pasaría.

―Vamos, deja que el tiempo haga su trabajo. Él pondrá todo en su lugar cuando corresponda.

Nos devolvimos a la casa. Ya se comenzaban a preparar para la gran batalla.

Joseph fue en busca de Marcos y de otros clanes que nos apoyaran. Yo contacté a Nikolai, él llegaría un par de días antes. Nick también se fue a buscar ayuda.

Sebastián comenzó a enseñar a Abril y a Sabrina, pero mi hija sentía que no avanzaba y no era falta de capacidad de ella o de su tío, era mi hija la que no lograba canalizar su energía, escondida tanto tiempo dentro de sí. Así es que me ofrecí a ayudarle.

Tras un mes de trabajar con ella, no lograba cumplir los objetivos. El miedo a fracasar y el miedo a Catalina, le impedían sacar afuera lo que llevaba en su interior. Hasta que un día lo confesó en voz alta, admitió que le tenía miedo a su hermana. Sebastián intentó infundirle ánimo y Ray le propuso que lo dejara, todavía no la creía capaz. Tuve que contenerme para no patearle la cara.

―Manuel, ¿tú crees que yo lo podré hacer? ―Me sorprendí al ver que buscaba mi apoyo, estaba tan molesto con mi yerno que no me di cuenta de los pensamientos de mi pequeña.

―Por supuesto ―le respondí con franqueza―. Ven, niña, vamos a la biblioteca, donde está más tranquilo, te enseñaré a relajarte y a visualizar, con eso podrás tomar nuestros poderes y hacerlos tuyos.

Ella miró a Ray, le temía a sus celos, por lo que lo invité a ir con nosotros.

Una vez relajada, sin problema pudo visualizar y materializar a sus padres biológicos, a sus abuelos, a su hermano, a sus padres adoptivos, incluso, pudo recrear la casa de su infancia y el Hogar. Pero a la sola mención de su hermana, se alteró.

―Eres fuerte, mucho más fuerte que ella. Milena te tiene miedo y tú tienes poder. Piensa en todo el daño que te ha hecho, la muerte de tus abuelos, de tus padres naturales, de tu hermano, de tus padres adoptivos, el daño que le ha hecho a Ray, a ti en tus otras vidas, visualiza la rabia como una gran bola de nieve que crece a medida que recuerdas el daño causado. La ira te ayudará a destruirla, la sed de venganza…

―¡No saben lo que descubrimos! ―gritó, con su inconfundible voz chillona, Nicole, estremeció todo el lugar y sacó a Abril del estado de relajación en el que se encontraba. Lo peor de todo fue que habían descubierto una mentira, traían noticias, pero falsas.

―¿Estás bien? ―le preguntó Ray.

―Sí ―respondió mi hija con furia.

―Abril, creo que deberías relajarte de nuevo y salir de ese estado, estás furiosa y no es bueno que permanezcas así –le dije yo.

―¡Estoy bien!

―No, niña, no lo estás. ―Quise tomarle la mano, pero ella no me lo permitió―. No dejes que esto te turbe, esta rabia debes canalizarla, es ella quien merece tu furia, no nosotros, no Ray, debes aprender a diferenciar. Lo puedes hacer, lo sé, y cuando lo hagas, será fantástico. Te digo que…

―¿¡Por qué no me dices mejor qué haces aquí? ¡Tú no encajas en esto! No entras en este juego de venganza. ¿Qué tienes tú en contra de Marina, Milena, Catalina o como quiera que se llame esa desgraciada?

Mi niña no estaba bien, todo por culpa de Catalina, en su interior sabía que no debía enojarse con nosotros, pero le era imposible evitarlo, tampoco servían mis poderes tranquilizantes, pues su enojo estaba en lo más profundo de su ser.

―¿Te parece poco la muerte de toda mi familia, incluida mi propia hija? ―le recordé.

―¿Hace cuánto fue eso?

―Dos mil ochocientos años.

Mi hija abrió mucho los ojos, no se esperaba esa respuesta, pero debía decirlo, quizá con el shock se relajara un poco.

―¿Y recién se va a vengar de ella? No lo creo.

―Desde ese momento en adelante he buscado la forma de acabar con ella, cada siglo que pasa me hago más fuerte y domino más elementos y poderes.

La mente de Abril se fue a blanco, pero Ray se sintió estúpido al pensar que yo era mucho más joven que él y menos fuerte, que me podría eliminar en cualquier momento y se preguntó cuánto poder tenía.

―Mucho más del que puedas imaginar.

“¿Contestó a mis pensamientos?”, se preguntó.

―Así es, puedo ver, no solo lo que tú piensas, también lo que sientes, lo que has vivido, dónde has vivido, todo. Eso me hace el mejor cazador del mundo. Junto con Ricardo, somos los más viejos en esto.

―¿Y por qué no te hiciste líder nuestro y nos dijiste todo esto antes?

―Porque no era el momento, además, aquí el líder indiscutido eres tú.

―¿Y a Ricardo? ¿Por qué no lo destruiste a él?

―¿Ricardo? No, él es solo otra víctima de esa mujer.

―Él ha hecho mucho daño ―intervino Abril en cuanto salió de su conmoción.

―Sí, está bajo un hechizo, un poderoso hechizo que se debe romper, tanto si lo matan como si no, ese hechizo debe romperse.

―¿Y si no? ¿Si lo destruimos con hechizo y todo?

―Su maldición nos perseguirá por siempre y no será agradable.

―¿Cómo podría seguirnos algo así?

―Es un hechizo de maldad que recaerá en cualquiera de nosotros, por eso es necesario deshacerlo antes de pensar siquiera en matar a Ricardo.

―¿Por qué tanto tiempo para acabar con todo esto?

―Se tenían que conjugar todas las variantes y…

No pude continuar, Sebastián estaba exaltado en el salón.

―Pero ¡esa mujer merece las penas del infierno! ―gritó.

Salimos y Max fue el encargado de narrar lo descubierto, mezcla de verdad y de mentira, los asesinatos, las conspiraciones en contra de Abril, la maldad que rodeaba a Milena en su actual vida.

El aura de mi hija se encendió mucho más, por fin su energía estaba revelándose. Luego de encender un pentagrama perfecto en medio del salón, con su sola energía, materializó a Catalina en las diversas vidas que coincidieron para luego destruirlas con cristales de hielo formados en sus dedos. De pronto, su cuerpo se convirtió en energía pura. ¡Era igual a su madre! Era como el rojo intenso de un atardecer, aun así, era dulce y delicada.

Subió hasta el techo como si fuera una suave bailarina de ballet y comenzó a girar. Creó un hermoso remolino. Todos se apartaron asustados, menos yo. Yo no me perdería por nada del mundo el sentir la esencia de mi hija en su máxima expresión y comprobar que era la misma que la de mi Luna.

Cuando uno de los brazos de ese torbellino me tocó, me hizo saber que muy pronto tendría a mi hija de vuelta.

Volvió a su forma humana, tenía otra actitud, estaba feliz y yo lo fui más cuando corrió a mis brazos y se colgó de mi cuello como una niña pequeña. Mi niña volvía a mí.

Por primera vez en toda mi vida, sonreí con sinceridad, reí de felicidad. Mi hija era fuerte, tal como lo imaginé, nada la detendría.

 



martes, 27 de abril de 2021

38: Regreso


Llegamos al departamento de Leo en pocos minutos. Ray la llevó en sus brazos directo a la habitación. En ese lugar se encontraban, además de mis amigos, Sabrina, la exnovia de Leo, y Nicole, la nueva novia de Max.

Nick me entregó los papeles en los que Sabrina había escrito los enigmas que le había entregado su fallecida madre.

―¿Qué significa esto?

―Aún estamos descifrándolos.

―¿Qué harán de ahora en adelante?

―Por lo pronto ―respondió Max―, volveremos a la casa del bosque, les contaremos a las chicas todo lo que somos, cómo llegamos a esto y buscaremos un plan de acción.

Pude sentir que Max estaba confundido. Busqué en su mente la razón de su desconcierto: era Nicole. Ella les había dicho que era Sonya, cosa que no era cierto, esa mujer era una impostora, hechizada, quizá, por Catalina, pues ella estaba convencida de que lo era. Solo en una cosa se habían equivocado, la muerte de su hijo no fue a manos de Ricardo, Catalina lo asesinó y, según la mente de la joven que tenía al frente, de mirada altiva y ávida de deseo y poder, la muerte del hijo de Sonya y Max fue a manos de Ricardo.

―Manuel, ¿tú crees que Sabrina sea la hija de la Gran Hechicera? ―me preguntó Leo.

―Su madre fue una gran hechicera, Leo, lo pude ver mientras leía lo que ella escribió y lo más probable es que ella sea la compañera de Abril.

―¿Y yo? ¿Acaso yo no voy a ayudar?

Me giré para observar a la impertinente de Nicole, no aprendía ni siquiera con el escarmiento que le había dado Ray. Max la apegó a su cuerpo.

―Tú no eres hechicera, Nicole ―contesté con paciencia―, tú serás vampira, compañera de Max y de nosotros en la batalla.

―¿Me van a convertir, entonces? ―preguntó alegre, demasiado para mi gusto.

―Es lo más seguro… para ti.

Por fuera mantuvo la compostura, por dentro, gritaba y bailaba.

―No te emociones tanto, la transformación no es agradable ―indicó Nick al notar sus pensamientos.

Max se sorprendió y la miró.

―No he dicho nada.

Nick sonrió irónico y se fue al ventanal. Max buscó mi mirada, yo alcé una ceja. Él se sentía atraído por ella, pero no podía sentir lo mismo que con Sonya y no lograba encontrar a su mujer en esa joven.

―Será mejor que vayas a dormir, Nicole ―hablé―, ya es tarde y mañana nos iremos a la casa del bosque y quizá sufras la transformación.

―Sí, ya estoy cansada ―mintió.

Max la llevó a la habitación y, una vez dormida, volvió a la sala, donde cada uno estaba metido en sus pensamientos.

―Manuel, ¿cómo fue que encontraste a Abril? ―me preguntó Leo.

―Fue casualidad ―les dije―, yo buscaba a unos tipos que debían morir y Abril había llegado a ellos, me alegro de haber llegado antes de que le hicieran más daño.

―Qué gran casualidad ―musitó Leo.

―Quizá no fue casualidad. ―respondió Max, él no desconfiaba de mí―. A lo mejor el destino lo tenía preparado así para que volvieras con nosotros, yo estoy seguro de que tú sabes mucho más de lo que nos has dicho y creo que está llegando el momento de que nos lo digas.

Sonreí apenas.

―Sí, puede ser, ya falta muy poco para que todo acaba y hay que ir paso a paso.

Ninguno dijo nada; aunque miles de preguntas pasaban por sus mentes, nadie se atrevió a hablar.

―Estamos a un paso de que todo se desencadene, debemos permanecer firmes. No puedo ver el futuro de esto ni cómo terminará, ustedes lo saben bien, es uno de los pocos sucesos que me está vedado, aun así, ya viene el fin y tanto Abril como Sabrina deben estar preparadas.

―¿Y Nicole? ―inquirió Leo.

―Nicole será vampira, neófita, esa será su arma, no es mucho lo que necesitará.

―Pareciera que no te agrada ella ―mencionó Joseph.

―¿Nicole? No es que no me agrade, pero ella será vampira, tendrá dones y fuerza sin mover un solo músculo, en cambio, Nicole y Abril deberán aprender a canalizar su energía. Es más difícil aprender a usar magia que aprender a pelear ―respondí.

―Es verdad ―accedió Max―, además, Nicole lleva mucho tiempo esperando ser convertida; sin embargo, Abril y Nicole le temen a su propia sombra, nunca quisieron esto para sus vidas.

―Sí, les está costando asimilar todo esto ―concordó Nick.

―Y todavía no saben bien a qué se enfrentarán ―meditó Leo.

―Así es, por eso debemos darle nuestra confianza y apoyo a Abril y Sabrina.

―Estoy de acuerdo ―dijo Max―. Nicole no necesita nuestro empuje, ella se lo da solita.

Pese a que lo quiso decir con orgullo, la amargura le salió por los poros.

Coloqué mi mano en su hombro en silencioso apoyo, me miró con todos sus sentimientos en carne viva; cerré su mente a Nick.

“Necesito saber que esto está bien, lo necesito”, pensó con angustia.

“Todo terminará bien”, le aseguré.

Él me miró con sorpresa, pero se recompuso de inmediato. Miró a Nick, quien conversaba con Joseph al lado de la ventana. Volvió su vista a mí.

“No estoy equivocado, tú eres mucho más de lo que dices”, me habló, seguro de que lo podía escuchar.

“No es tiempo de develar mi verdadera identidad, ya llegará el momento, pero te aseguro algo, todo lo que he hecho y todo lo que haré, es para acabar con Marina”, le aseguré.

Asintió con la cabeza, puso su mano sobre la mía que seguía en su hombro.

“Eres un buen hombre, Manuel”

“Gracias”.

Abril se quejó en el dormitorio. Puse mi atención, mi Selena estaba con ella, se despedían, mi pequeña había conocido a su madre. Por fin. Eso significaba que quedaba muy poco tiempo para darme a conocer como su padre.

Joseph se apresuró a ir a la habitación al escuchar sollozar a su hermana. Leo se puso nervioso, pero él no se sentía con el derecho a ir a verla, no tenía la libertad que tenía su amigo.

―Quiere a su madre ―nos dijo Nick, que solo podía leer los pensamientos y no ver los sentimientos.

Ray y Joseph se alegraron de que Abril ya no estuviera oculta a sus ojos, así estaría mucho más segura.

 

Al día siguiente, a eso del mediodía, nos fuimos a la casa del bosque. Max me llevó a mí en su auto, por lo que pasé a mi departamento a buscar mi automóvil. No había rastros de Mala’ikan ni de la chica. Esperaba que ella se encontrara bien.

Nada más llegar a la casa del bosque, encendí la chimenea con mi poder sobre los elementos, como el fuego. Hacía frío. Se sentaron en la alfombra. Sabrina se acercó a Leo quien la recibió feliz. Yo me quedé de pie a un costado de la chimenea.

Nick tomó la palabra.

―La historia nuestra se remonta a cinco siglos atrás, al año 1512 en Europa, específicamente en España, donde vivíamos.

―¿Y qué hacen aquí, en un país pequeño y…? ―preguntó Nicole con altivez, como si ella fuera europea.

―Con quinientos años a nuestras espaldas no podemos estar mucho tiempo en un lugar y con la tecnología y comunicaciones de hoy en día, no podemos darnos el lujo de que nos descubran, entonces, tenemos que movernos por diferentes lugares, además, la reencarnación de Marina, en esta vida, sería aquí, algo debe tener este lugar que lo hace especial, sobre todo para la guerra que nos espera.

―¿Con qué se supone que nos estamos enfrentando? ―preguntó Sabrina.

―Con fuerzas muy poderosas que vienen del principio de los tiempos ―contesté yo―, con fuerzas y seres que ni siquiera imaginan.

―¿Qué tipos de seres? ―preguntó Nicole.

―Seres poderosos, con magia capaz de matar y destruir en segundos, con seres que viven desde que la Tierra es Tierra y que año a año y siglo a siglo han multiplicado su conocimiento y poder. A ellos se les han unido algunos otros, seres malignos destinados a nacer en esta época para librar esta batalla que no solo nos afectará a nosotros, si no, a todos los seres vivientes. Si lo logramos, habremos salvado la Tierra, si no, será destruida por tiranos dictadores que abusarán de su poder para someter a todo aquel que no esté de acuerdo con el Nuevo Orden.

―Si es así, ¿cómo lograremos vencer? Míranos, somos cobardes, débiles; nosotras, yo por lo menos, no represento ningún peligro para ellos.

―No lo creas, hija.

Maribel hizo su magistral aparición desde el mundo de los muertos. Ella contó la historia tal como sucedió, hacía quinientos años.

Tras dos días de ver lo que había ocurrido hacía cinco siglos, las cosas que me perdí mientras dormí por veinte años, cortesía de Mala’ikan, mi hija se sentía todavía más confundida con lo que le había dicho su madre, no entendía por qué le había hablado de mí si era Ray quien estaba dispuesto a dar su vida por ella, ¡cómo no!, cuando yo la tuve que defender mil veces de sus ataques de ira, incluso, en ese momento, él seguía sin confiar del todo en sus capacidades, mientras que yo estaba seguro de que sería una hermosa mini versión de su madre. Sin querer, hice un gesto de desagrado que ella notó, pues se dio cuenta de que yo podía leer las mentes. Salí del salón para no exponerme. Necesitaba calmarme, recuperar mi compostura, todavía no era tiempo para que decir quién era yo y qué papel jugaba en todo aquello.

Una vez calmado, pude escucharla hablar con Ray de mí. Volví al salón en el preciso momento en el que él le preguntó si temía que los traicionara al final. Negó con la cabeza y, al hacerlo, me vio. Su ser interior buscaba la respuesta de cómo encajaba yo en su vida y a poco estuvo de descubrir la verdad.

―Yo no los traicionaré. ―Llegué a su lado para cortar sus pensamientos―. Tienes dentro de ti todos los poderes, solo necesitas sacarlos, entrenarlos. Serás más fuerte que todos nosotros juntos y acabarás de una vez por todas con tu hermana y sus fechorías.

―¿Puede leer la mente? ―me preguntó con inocente rebeldía.

No pude evitar sonreír.

―No, pero eres tan transparente que no se necesitan poderes especiales para saber lo que piensas, ¿no es así, Ray?

―Sí, es verdad ―confirmó―, muchas veces tus ojos dicen más que tus palabras.

Ella se quedó prendada en la mirada de él y yo salí de la casa. Necesitaba apartarme de allí.  



sábado, 24 de abril de 2021

37: ¿Amnesia?

 Aquel día lo pasamos comprando ropa, calzado y algunos artículos de uso femenino. Podría haberlos hecho aparecer sin más, pero fue entretenido hacerlo así, recorrer las calles con ella, como hubiese querido hacerlo con mi hija.

―¿Puedo ser como tú? ―me preguntó mientras tomaba un café tras las compras.

―¿Quieres ser como yo?

―Sí ―respondió resuelta, pero con timidez.

―¿Por qué?

―Porque no tengo razón para seguir viviendo así, a mi madre no le importo, solo quería el dinero que llevaba a casa; mi exnovio me dejó por la única amiga que tenía, lo entiendo, ¿sabes?, era mucho mejor que yo…

―¿Mejor que tú? ―La interrumpí.

―Mírame, no soy nada. La gente que se acerca a mí solo lo hace para burlarse en mi cara. Cualquiera es mejor que yo.

―¿Por eso has pensado en el suicidio?

Me miró como si hubiese sido pillada en falta y se encogió de hombros.

―A nadie le importo. En realidad, no sé si quiero morirme, matarme o solo ser invisible. Quiero estar tranquila ―terminó con lágrimas en sus ojos.

―A mí me importas ―le dije tomando su mano―, lo digo en serio.

―Pero tú no me conoces.

―Me importas y te quiero, desde antes de que llegaras a esta vida.

―¿Puedo ser como tú? ―insistió.

―¿De verdad quieres? ¿Para qué?

―Para desaparecer de este mundo, para poder escabullirme y que nadie, nunca más me moleste.

―No es tan sencillo, niña, hay cosas que aprender, hay cosas que saber, al convertirte en vampira, se te abrirá todo un mundo de posibilidades, pero también de mucha responsabilidad.

De reojo vi a Mala’ikan en una esquina del café, pero no nos miraba, sus ojos pasaban de nosotros, por instinto, miré hacia el lado opuesto y allí estaba Catalina con un hombre, ella no nos había visto. Busqué con la vista a Mala’ikan y me hizo un gesto de que debíamos salir de allí. Él nos había ocultado de la vista de esa hechicera.

Salí con mi joven protegida a toda prisa, la pegué a mi costado para elevarla un poco del suelo y corrí con ella hasta mi auto que estaba estacionado cerca de allí.

―¿Qué pasó? ―me preguntó al entrar al departamento; cosa rara en una mujer, no habló en todo el camino ni protestó.

―Reaccionaste un poco tarde ―bromeé.

―No. Pero si salimos así de ese lugar, supuse que no era momento de cuestionamientos.

―Pocas chicas piensan como tú, la mayoría habría reclamado todo el tiempo por una explicación.

―Yo no. Es más, me encabrona cuando en las películas están en medio de un tiroteo y la protagonista empieza con los reclamos: “Yo no me muevo de aquí hasta que me digas quién eres y por qué te quieren matar” ―ironizó con voz chillona―. Tú eres especial y la gente especial siempre tiene enemigos.

―No soy el único especial aquí. Esa enemiga nos odia a los dos por igual.

―¿A mí? ¿Por qué a mí?

―Creo que es hora de que te diga quién eres, si el destino nos puso en el mismo camino, no es por casualidad, niña.

“Y si Mala’ikan estaba en el café, tampoco”, terminé en mi mente.

Hice aparecer una taza de café y un dulce para mi protegida, le iba a contar todo y necesitaba que estuviese tranquila. Una vez hecho eso, ella debía tomar una decisión.

Mala’ikan hizo su aparición antes de que empezara a hablar.

―Hola ―nos saludó con trivialidad.

Ella me miró algo asustada, creía que de él habíamos escapado en el café.

―No te asustes, niña, vengo para contarte todo lo que necesitas saber y para llevarte a donde te pueden ayudar ―le habló mi mentor.

―¿Qué dices? ―interrogué de mal modo.

―Necesitas ir en busca de esos bastardos ―-respondió―, yo me encargaré de ella, no te preocupes.

―¿La volveré a ver?

―Por supuesto, no temas, ella estará muy bien. Ahora debes irte.

Mi invitada se acercó a mí y tomó mis manos, sus ojos se clavaron en los míos.

―¿Puedo confiar en él? ―me preguntó.

Miré a mi benefactor.

―Sí ―respondí―. Él te cuidará.

Se abrazó a mi pecho, yo la abracé de vuelta y la besé en el cabello.

―Tranquila, todo estará bien de ahora en adelante para ti.

―Gracias.

Se apartó un poco, me dio un beso en la mejilla y dio dos pasos atrás.

―Estaremos en contacto ―le dije.

―Claro.

Me sonrió, yo la miré con todo el cariño que me inspiraba, miré a Mala’ikan suplicándole que la cuidara y me fui en busca de esos malditos malnacidos que la habían lastimado la noche anterior.

Salí con furia. No quería dejarla sola, sentía que estaba dejando sola otra vez a mi hija, pero sabía que con Mala’ikan iba a estar bien y, si era necesario, él podría hacer que se convirtiera en vampira.

―Manuel… Manuel…

Era la voz inconfundible de Serena, mi mujer, mi Luna… después de tanto tiempo me llamaba.

―Selena…

No me volvió a hablar, su luz iluminó unas calles nada atractivas. Me dejé guiar, no sabía lo que pretendía, iba a hacia un sector, luego a otros, no andaba en círculos, pero parecía que estaba perdido. No tenía miedo, sabía que no había peligro para mí en esas calles, solo que no sabía qué estaba pasando o si aquello era fruto de mi imaginación o era real y me estaba guiando a un lugar especial.

Al doblar una esquina, me di cuenta de todo.  Mi hija estaba siendo atacada por los mismos malditos que la noche anterior habían atacado a mi protegida. Uno de esos imbéciles la iba a golpear, llegué justo antes de que lo hiciera y detuve su mano. El líder de ese grupo de indeseables ordenó a sus amigos que me atacaran. Poco me costó terminar con ellos, no los dejaría vivos y no tenía ganas ni tiempo de hacerlos sufrir, solo los quería bien muertos.

Miré a Abril que estaba en el suelo, con la cabeza escondida entre sus brazos, protegida como si le fuera a caer una granada.

―¿Abril?

Ella se incorporó un poco y me miró confundida, yo lo estaba más, no podía leer su mente ni manejar sus emociones, todo su interior estaba vedado para mí.

―Abril, ¿qué haces aquí?

―¿Me conoce? ―me preguntó con sus dientes castañeando por el frío.

―Soy Manuel, ¿no me reconoces?

―¿Manuel?

―¿Y Ray? ¿Cómo es que te dejó salir sola y sin abrigo a la calle? ¿Dónde están Joseph y los demás? ¿Te hicieron daño?

Ella hizo unos pucheros, al parecer no tenía idea de qué le hablaba.

―Ven, niña.

Me quité el abrigo y se lo coloqué antes de tomarla en mis brazos. Ella largó un duro llanto.

―¿Qué pasa, preciosa?

―¡Usted me secuestró! ―me reprochó con dolor, yo busqué su mirada, no entendía nada, ¿había perdido la memoria?

―Ya te pedí perdón, Abril, lo siento, si…

―No.

―Tranquila, mi niña, todo está bien, no pasa nada.

―Me escapé ―susurró.

―¿Otra vez?

―¿Otra vez? ―¿Acaso venía de la casa del bosque?

―Abril, ¿qué te pasa?

―No sé…

Mi pequeña se abrazó a mi cuello, lloraba de miedo y tristeza, yo dejé que se desahogara.

―Me desperté en un departamento desconocido, aproveché que estaba sola y me fui. Ahora estoy perdida… ―me contó entre sollozos.

―¿No recuerdas qué hacías allí?

―No, lo último que recuerdo es que salí tarde de mi trabajo y… desperté allí. Ahora que lo vi a usted, recordé que fue usted. ¡Usted debe saber qué hacía allí!

Mi niña. ¿Qué le había pasado para que hubiese perdido así la memoria? ¿Y cómo había llegado Catalina a ella para provocarle amnesia y miedo?

Sollozó más fuerte.

―Pobre, mi niña, no te preocupes, Leo y Joseph te ayudarán en lo que sea que te está pasando.

―Tengo tanto miedo.

―No pasa nada, nadie te hará daño.

―Y me estoy congelando.

―Te llevaré a casa, niña.

Caminé con ella, la llevaría a mi departamento y allí vería qué hacer, no estaba seguro de regresarla con Ray si él le había hecho algo para que llegara a ese estado.

―Soy muy pesada ―me dijo en cuanto comencé a caminar con ella.

―No te preocupes, para mí no pesas nada ―le dije y le besé el cabello.

De pronto, comenzó a temblar en mis brazos y no era de frío. Miré hacia atrás, ella había visto a los hombres abatidos.

―¿Qué pasa, Abril? Todo está bien, no pasa nada.

―Tengo frío ―mintió.

―Entonces tendremos que pedir un auto.

Busqué en su mirada, quería saber si podía leer algo en ellos, solo veía el terror pintado en su cara. La dormí, al menos eso sí lo pude hacer.

Maldije no haber llevado mi automóvil, aunque claro, con tantas vueltas, tampoco habría sido muy práctico. Llamé a Ray.

―No es el momento. ―Fue su respuesta, no había que ser adivino para saber que no estaba bien.

―Encontré a Abril.

―¿Qué? ¿Dónde?

―Está mal, Ray, vengan rápido con el auto, necesita calor y estar tranquila, yo no tengo mi automóvil cerca, además, no sé dónde están ustedes.

―En el departamento de Leo, vamos en camino, ¿dónde están ustedes?

Les di la dirección y colgué. Me agaché con mi hija y la abracé allí. Le di calor. Ella se acurrucó en mis brazos.

―¿Qué te hicieron, hija?

―Papá, papá, ya quiero salir de este encierro.

―Tranquila, mi pequeña, todo va a acabar muy pronto.

―Quiero que termine ya.

―Muy pronto, hija, muy pronto.

―No me dejes sola otra vez, papi.

―Mi amor, mi amor, perdóname.

―Papi…

La abracé más a mí, estaba dormida y su subconsciente hablaba por ella, su verdadera esencia, la que me reconocía como su padre.

Aun así, no logré ver sus pensamientos ni sus recuerdos. ¿Qué pudo haber pasado para que bloqueara su mente a todo? Quizá la muerte de Nicolás la afectó en demasía. Ella creía que él y Viviana habían muerto hacía varios años y, si estaban en la ciudad, era porque habían ido a su funeral.

Escuché el sonido del automóvil de Leo y me levanté con Abril. Se detuvo con un derrape a nuestro lado.

Me acerqué y Joseph abrió la puerta trasera, yo la acomodé en el asiento; él se sentó a su lado para ayudarla.

―¿Qué pasó, Manuel? ―me preguntó Ray, preocupado y sin enojo.

―No lo sé, esperaba que ustedes me dijeran qué pasó, cuando la encontré, estaba casi congelada y conmocionada, no recordaba nada. Su último recuerdo era haber salido tarde de su trabajo.

―Debemos llevarla a casa ―rogó Joseph―, puedo quitarle la neumonía, pero el frío no y se está congelando.

―Llévenla rápido y cuídala, Ray, no la dejes sola ―supliqué.

―Vamos a la casa, han pasado ciertas cosas que es necesario que sepas, tal vez puedas ayudar ―me dijo Ray con cierta reticencia, producto de la magia de Catalina.

―Yo no quiero causarle problemas a Abril.

―Yo te lo estoy pidiendo, no habrá problema.

Era sincero, así que no me lo tuvo que repetir. Me subí al asiento del copiloto y él, ante el volante.

―Supongo que no has vuelto con Marina ―me preguntó en el camino.

―Sabes por qué estaba con Marina, por supuesto que no he vuelto con ella.

―Lo que pasa es que se está armando el rompecabezas para librar la batalla y creo que tienes que tomar una decisión, o estás por nosotros, o estás por Marina y su hueste.

―Por ustedes, si no fuera así, no te habría llamado.

―¿Cómo llegaste a Abril si ni siquiera sabías que estaba perdida?

―Hay una pandilla… Ayer violaron a una joven y hoy fui para, tú sabes, poner punto final a todas sus fechorías.

―Y la encontraste… ―replicó con un toque irónico.

―Con ellos.

Ray guardó un tenso silencio, imaginó lo que esos hombres pudieron haberle hecho. Yo también me lo pregunté, pero por el resplandor de la luna, mi Luna, supe que ella no lo hubiese permitido. Y así quise creerlo.