miércoles, 25 de septiembre de 2013

Relato corto de terror

Aquí estamos los cuatro, José, Andrea, mi hija Karolina y yo, en un pequeño cuarto, esperando expectantes.
Está oscuro, apenas una tenue luz rojiza proveniente de algún lugar nos ilumina. Ya no hay vuelta atrás. La puerta tras nosotros se había cerrado de golpe.
¿Qué haremos ahora? Nos miramos sin saber qué hacer, riendo de nervios; pequeñas gotas de sudor resbalan por la frente de José, él es el único hombre y, por muy feminista que una mujer sea, en estas ocasiones se agradece el machismo protector.
Una débil luz ilumina una angosta escalera. ¿Por qué subir?
El ruido de unas enormes cadenas nos sobresalta, debemos huir de allí hacia la única salida posible: la tétrica escalera.
Subimos a paso veloz tomados de las manos. No queremos, no debemos, separarnos, esa fue la única advertencia antes de entrar. Mantenerse juntos es la clave.
El segundo piso es un largo pasillo sin luz. Todo está oscuro, negro como las fauces de un lobo o la cueva de un oso. Avanzamos tocando las paredes para no chocar. Doblamos hacia otro pasillo. Un cuarto débilmente iluminado nos llama la atención. Nos asomamos. Una vitrina de carnicería con trozos de cuerpos humanos cercenados nos da la bienvenida, aunque, al mirar bien, me doy cuenta que arriba, colgados, hay más cuerpos mutilados. La luz pestañea. Esto parece una película de terror. La luz se apaga. No soy capaz de moverme. Sé que debemos seguir nuestro camino, salir de allí, debemos encontrar la salida. La luz se enciende y allá, en un rincón, aparece él. El descuartizador de cuerpos con una sierra eléctrica en la mano. Un ser infernal que me mira con ojos de muerte. Doy un grito y quedo petrificada con la espalda pegada a la pared. La luz vuelve a irse apenas solo unos segundos, pero yo no soy capaz de moverme y cuando se vuelve a iluminar… Él está ahí, a un par de centímetros frente a mí, mirándome, analizando en cuántos trocitos me cortará. Sé que debo huir, escapar, correr, pero soy incapaz de moverme. Tantas veces, al ver películas de terror, reclamaba cuando se quedaban quietos los protagonistas, les gritaba que no fueran tontos y corrieran y ahora yo, en su lugar, estoy igual de exánime, quieta frente al asesino. Siento un tirón en mi mano, los demás habían reaccionado y corren, pero Karolina no me dejaría allí sola con ese loco.
Logro correr con ellos y pienso, ilusa, que el sicópata se quedaría tranquilo, que no nos seguiría, pero no es así. Miro hacia atrás, me detengo un segundo y ahí lo veo venir, él no lleva prisa, sabe que nos atrapará tarde o temprano. Sus ojos buscan los míos, aterrándome. Yo seré su primera presa. Jadeo. No soy capaz de pensar claro.
De pronto, oigo a mi hija emitir un grito desgarrador. Cuando me vuelvo a mirarla, un payaso maldito la acosa amenazante. La quiere atacar. No sé cómo -instinto de madre-, tomo a Karolina y corro con ella, quedando delante del grupo. Por más que corremos, parece que no avanzamos. Aun así, seguimos en marcha.
Algo, ¿un fantasma?, cruza el angosto pasillo. Me detengo de golpe, no quiero seguir avanzando. Pero los demás me empujan, somos seguidos por el descuartizador y el payaso que caminan con una sonrisa de satisfacción. Nuestro fin está cerca.
Un nuevo cuarto iluminado nos espera. Un hombre “elefante” nos sale al paso, interrumpiendo nuestro camino. Quedamos arrinconados. Tres asesinos contra nosotros. ¿Cómo saldríamos de allí? El terror nos invade. José se da cuenta que hay una puerta tras él e intenta abrirla, pero no, la manilla pasa en banda y no abre. La desesperación cunde entre nosotros que gritamos sin control. Los otros dos asesinos se acercan a paso cansino, como disfrutando de nuestra angustia. ¿Qué pasará ahora? ¿Seremos asesinados sin piedad?
En el cuarto iluminado frente a nosotros, hay una chica colgando de sus brazos, sangrante. ¿Así sería nuestro final? La joven se mueve distrayendo a nuestros captores, momento que aprovechamos para escapar. No podemos retroceder, debemos cruzar por ese cuarto, para encontrar una salida.
Gritando horrorizados, corremos despavoridos a través de la habitación. Mientras lo hacemos, la chica se suelta e intenta agarrarse de José, que se sacude de ella con desespero. La mujer chilla muy feo suplicando que la saquemos de allí. Es insufrible la sensación. Ya no soporto más esto. Los cuatro asesinos van tras nosotros y yo voy al final del grupo.
Cruzamos una puerta al final del pasillo. Choco con los demás que se detienen de golpe. Estamos en un cuarto iluminado. Aún no sé dónde estoy. Miro a mi alrededor, pero no hay nada. Sólo un espacio vacío. Todavía no puedo asimilar qué está ocurriendo ni dónde estamos.
Cuando aparecen nuestros cuatro atacantes riendo y bromeando, me doy cuenta que se acabó. Somos libres.
La Casa del Terror del Happyland sí es aterradora.


 

viernes, 20 de septiembre de 2013

EL CUARTO ROJO



Este no tiene nada que ver con el famoso "Cuarto rojo de dolor", es un relato que escribí para un concurso y como no ganó, lo "cuelgo" aquí...



La joven miró el escenario expectante, era su primera noche como bailarina de ese lugar. Y no es que le hiciera mucha gracia. Debía hacerlo. Por culpa de su hermana, metida en drogas, conoció a Leonardo, que la obligó a bailar en su club a cambio de la vida y libertad de su hermana.
Stephanie subió al escenario e hizo el show que tenía preparado, bailando para hombres asquerosos que gritaban groserías desde abajo e intentaban tocarla, algo que ella evitó magistralmente.
Al término de su función, copiosas lágrimas corrían por sus mejillas, en realidad, las lágrimas se le escaparon mucho antes de concluir su actuación. Las muchachas que llevaban más tiempo decían que podía llegar a ser excitante, para ella no lo fue en lo absoluto.
— Stephanie, tienes un cliente, pagó muy bien por ti —gritó Leonardo en el camerino, caminando hacia ella.
— ¿¡Qué?!
— Eso. Te espera en la habitación roja.
— Pero tú me dijiste…
— Triplicó el precio sólo para estar contigo.
— Pero yo…
— Tranquila, él sabe que eres virgen.
Stephanie tomó aire.
— ¿Y si no quiero?
— Tú y tu hermana se van directo al infierno.
— ¿Y eso no es el cuarto rojo?
Leonardo sonrió acercándose amenazadoramente hacia ella, parándose justo frente a ella, muy cerca.  La joven lo miró hacia arriba, asustada.
— Vas a ir con él o te follo yo mismo aquí, delante de todas ellas y sin ninguna contemplación.
Stephanie se mordió el labio y luego lo miró suplicante.
— Leonardo, por favor…
— Vístete, no lo hagas esperar.
— ¿Qué me pongo?
— El baby-doll rojo.
— Claro —replicó molesta—, a juego con la habitación.
— Hazlo rápido, yo mismo te llevaré con él.
Stephanie se quitó su traje de diabla y se puso el baby-doll, Leonardo no le quitó la vista de encima mientras lo hacía.
— Algún día me tocará probar a mí ese delicioso cuerpo —le dijo mientras la tomaba bruscamente del brazo y la conducía escalera arriba, al cuarto rojo, donde el cliente la esperaba.
Leonardo abrió la puerta y la dejó pasar.
— Ponte de rodillas sobre la cama y no lo mires. No hagas nada que él no haya ordenado —le advirtió Leonardo, deteniéndola justo antes de entrar.
Ella asintió levemente y entró. Dio un respingo al oír el sonido de la puerta cerrarse.
Miró el cuarto, la gran cama estaba iluminada por un foco rojo. El resto estaba a oscuras, aunque distinguió en la oscuridad la sombra de un hombre sentado en un sofá a los pies de la cama.
Stephanie caminó lentamente, se subió a la cama y se arrodilló de frente a la sombra que había visto al entrar. Bajó la cara y se mordió el labio para no llorar.
— No te muerdas el labio —le ordenó suavemente.
Ella obedeció y sólo entonces se dio cuenta que un poco más y se rompería el labio.
— Mírame —su voz sedosa la confundía, le recordaba a alguien que había perdido al irse a ese club a trabajar, además, ella esperaba a un hombre que se le montara encima como un animal y… — Mírame —volvió a ordenar con suavidad.
Ella levantó la cara, no veía nada por la luz del foco.
— Tienes unos ojos preciosos. No vayas a llorar, no te lastimaré.
— Lo siento —se disculpó ella cuando sintió dos lágrimas rodar por sus mejillas.
— ¿Por qué lo haces si no quieres?
Ella no contestó, no podía hablar de su “situación” con un cliente.
— Contéstame.
— Por dinero —contestó lacónica.
— Mentirosa —ella adivinó una sonrisa en la cara del hombre—, quiero la verdad.
— No puedo decirla.
— ¿Estás en contra de tu voluntad?
Ella bajó la cara, una tristeza infinita se dibujó en su rostro y sus ojos no pudieron detener las lágrimas que había intentado retener. Entonces sintió los pasos del hombre acercándose a la cama.
— Tranquila, no te lastimaré —la abrazó protectoramente—, no te haré daño, preciosa.
— ¿Quién es usted? —su corazón latía a mil por hora.
— Mírame.
Ella alzó la mirada y abrió los ojos como platos al verlo.
— Martín… —susurró lentamente.
— Me alegra que no me hayas olvidado —sonrió él comprensivo.
— ¿Qué haces aquí?
Ahora no sólo la tristeza la agobiaba, sino también la vergüenza y la culpa.
— Cuando huiste de casa te busqué, recorrí bares y prostíbulos, mis agentes dieron con tu hermana y ella me dijo dónde encontrarte.
— Es mi primera noche —se justificó.
— ¿Qué haces aquí?
— Mi hermana… ella debe mucho dinero en drogas y…
— Te vendiste por ella.
Ella se separó avergonzada.
— ¿Por qué no me lo dijiste?
— No quería seguir abusando de tu generosidad.
— Debiste hablar —ella no contestó.
Le tomó la cara entre sus manos y la besó suavemente.
— No debiste huir, sabes que puedo y quiero ayudarte.
Stephanie recordó el día que él la llevó a su casa. Era una noche de invierno, su padrastro estaba borracho y ella no quería estar ahí. Martín la vio y le ofreció un techo a cambio de sus servicios domésticos. Y fue con él. De eso hacía seis meses.
— ¿Quieres salir de aquí?
Ella se abrazó al hombre llorando como una Magdalena.
— No me gusta este lugar —sollozó.
— Lo imaginé, preciosa, tu no perteneces aquí.
— Pero mi hermana…
— Está conmigo en casa y ahora nos iremos nosotros.
— Leonardo no me dejará.
— Mis hombres lo están arreglando, el dinero compra todo.
Ella lo miró, él la besó siendo correspondido plenamente por la joven, él era su hombre, el único amor de su vida.
— Te amo, Stephanie, no vuelvas a irte nunca más de mi lado.
— Jamás…, perdóname —lloró la joven.
Él la besó y ahí, en ese cuarto rojo, él la hizo suya, suya para siempre.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Veredicto del Jurado Club de las Escritoras


VEREDICTO DEL JURADO DE LA NUEVA ANTOLOGÍA:

Hola a tod@s!, aquí les traigo los 24 relatos participantes que irán incluídos en la nueva Antología del club, una vez superado el periodo de corrección. 

Los miembros del jurado compuesto por:

Grupo 1: Mills Bellenden, Nieves H. Hidalgo y Claudia Cardozo

Grupo 2: Maga de Lin, Jonaira Campagnuolo y Brianna Callum

Tras un arduo trabajo desinteresado donde todos coinciden en que ha sido una difícil elección, ya que todas las obras eran buenas, se ha conseguido seleccionar de entre 32 relatos, los 24 más aptos para este proyecto.

Y este es el resultado:

1. Reencuentro en San Valentín

2. Extraños en un Tren

3. Por Si Los Días Grises Vuelven

4. Karma Catorcefebril

5. Amor Est Vitae Essentia

6. Que Tiemble La Mujer Del Espejo

7. Equivocada

8. Amor Antes de San Valentín

9. Florecillas

10. Volver a Nacer

11. Siempre Has Sido Tú

12. Eros Revenge

13. Una Cita Virtual

14. El Paraguas Azul Eléctrico

15. Sé mi Amor

16. El Regalo

17. Volveré En San Valentín

18. Destino Casual

19. Dulce Tentación

20. Te Esperaré Siempre

21. El Día que Tú y Yo no Pudimos Besarnos

22. Dibujando Amaneceres

23. ¿Los Celos Fueron El Motivo?

24. Un Rayito de Sol

A las autoras de los 8 relatos que han quedado fuera, les digo de parte del equipo y mía, que no se desanimen, pues sus obras eran también buenas. 

Ahora paso a indicar el reparto de relatos para la corrección. Pero antes, les recordaré que tienen tres meses para hacerlo, ya que el plazo de entrega de los relatos ya corregidos y repasados las veces que hagan falta, es hasta el 12 de Diciembre.

Y el reparto es el siguiente:

*Mills Bellenden: Reencuentro en San Valentín - Karma Catorcefebril - Amor Est Vitae Essentia - Equivocada

*Nieves H. Hidalgo: Florecillas - Siempre Has Sido Tú - Una Cita Virtual - El Regalo

*Claudia Cardozo: Destino Casual - Te Esperaré Siempre - Dibujando Amaneceres - Un Rayito de Sol

*Maga de Lin: Extraños en un Tren - Que Tiemble la Mujer del Espejo - Amor Antes de San Valentín - Eros Revenge

*Jonaira Campagnuolo: Por Si los Días Grises Vuelven - Volver a Nacer - El Paraguas Azul Eléctrico - Sé mi Amor

*Brianna Callum: Volveré En San Valentín - Dulce Tentación - El Día que Tú y Yo no Pudimos Besarnos - ¿Los Celos Fueron El Motivo?

Ahora paso a comentarles a algunas autoras, algunas indicaciones sobre sus relatos para que lo mejoren:

-Los relatos: Volveré en San Valentín y Dulce Tentación, tienen el interlineado sencillo, cuando se pidió interlineado a 1,5.

-Los relatos: Que tiemble la mujer del espejo, Amor antes de San Valentín y El día en que tú y yo no nos besamos,  tienen letra grande, cuando se pidió la fuente "Arial" y tamaño 12.

-El relato: Volver a Nacer, tiene apariciones confusas, palabras inentendibles para quienes son fuera de España.

-El relato: Que Tiemble la Mujer del Espejo, no alcanza el mínimo de extensión exigido, que son 8 y éste relato consta de 7. Por eso, se le pide a la autora que procure solucionar esto. Además, le falta algo sustancia, los personajes no están muy bien retratados y tiene algunos puntos débiles en la historia.

-El relato: Amor Antes de San Valentín, además de que lo que ya he dicho (sobre el tamaño de la letra utilizada), le falta profundidad, está algo precipitada y hay que mejorar el desarrollo.

¡Eso es todo!, en breve los miembros del jurado que ahora pasan a ser correctores, se pondrán en contacto con las cuatro autoras que les corresponden para comenzar con el periodo de corrección. Así que, les pido a las 24 autoras, que estén pendientes de sus correos electrónicos.

Nota: me reservo el derecho de hacer alguna modificación si así lo estimo.